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jueves, septiembre 17, 2026

Una mirada externa para el Poder Judicial

Por Rafael Díaz Filpo
Juez Emérito, Primer Sustituto del Presidente del TC
La renovación de las altas cortes convoca a una profunda responsabilidad republicana que me mueve a plantear con firmeza cívica ante el Consejo Nacional de la Magistratura la pertinencia del doctor Fernando Langa Ferreira para asumir la presidencia de la Suprema Corte de Justicia y por mandato constitucional la dirección del Consejo del Poder Judicial, convencido de que la administración de nuestros tribunales precisa una mirada externa capaz de quebrar la inercia del modelo tradicional sin transgredir las reglas de juego institucionales.
Esa exigencia de apertura encuentra su mejor respaldo en la propia memoria institucional del Tribunal Constitucional, donde la inmensa mayoría de quienes tuvimos el honor de fundar esa alta corte y edificar sus cimientos dogmáticos no proveníamos de la carrera judicial tradicional sino de la academia y del ejercicio profesional independiente, demostrando en los hechos que la solidez, la probidad y la prudencia de un cuerpo colegiado no dependen del escalafón burocrático previo sino de la estatura ética y del compromiso democrático de sus integrantes.
Aferrarse a una visión corporativa cerrada desvirtúa la sabia previsión del artículo 180, numeral 1, de nuestra Carta Magna que reservó una cuarta parte de la matrícula del máximo tribunal a juristas forjados fuera de la judicatura, un resorte deliberado del constituyente concebido no como una concesión excepcional sino como un contrapeso indispensable para neutralizar la endogamia judicial y permitir que quien lidere el Consejo del Poder Judicial en virtud del artículo 156 de la ley suprema asuma esa presidencia con una visión gerencial independiente, velando por el régimen disciplinario, la carrera y la gestión operativa sin las ataduras ni los sesgos corporativos que a menudo perpetúan la lentitud en los despachos.
En esa encrucijada resalta lo que pocos han advertido sobre Fernando Langa Ferreira, pues más allá de su impecable trayectoria como jurista corporativo encarna un talento gerencial idóneo para transformar el gobierno judicial, exhibiendo una probada vocación de árbitro sereno que no arrastra prejuicios gremiales y comprende que la seguridad jurídica no se construye desde el aislamiento del despacho sino mediante un puente de diálogo transparente con los litigantes comunes y con las fuerzas vivas de la nación.
Confío en que los integrantes del Consejo Nacional de la Magistratura sabrán valorar el inmenso aporte de incorporar un liderazgo con solvencia moral intachable y visión moderna para inaugurar un ciclo de concertación institucional, consolidando un Poder Judicial que mantenga sus puertas abiertas al talento ciudadano sin desmedro de la carrera y consagrado por entero al mandato de equidad que proclama nuestra Ley Fundamental.

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