21 C
Santo Domingo
martes, marzo 10, 2026

Peña Gómez y el 24 de abril de 1965

Tony Raful

Curiosamente fue el artero Golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963,  el momento histórico que catapultó su liderazgo en el escenario nacional. Aunque militando activamente desde la misma  llegada de la Comisión de la Libertad  del PRD el cinco de julio de 1961, coordinando las manifestaciones de lucha contra los remanentes trujillistas y dirigiendo de inmediato el departamento nacional del prensa y propaganda, Peña Gómez, seleccionado como el alumno más destacado del curso de ciencias políticas junto a Milagros Ortiz Bosch, que fue ofrecido en Costa Rica a un grupo selecto de jóvenes de la Agrupación Política 14 de Junio, Unión Cívica y PRD, en los meses finales de 1961, no desempeñó ningún cargo  o designación en el Gobierno del Profesor Juan Bosch, tampoco fue escogido como candidato a posiciones  electivas.

 

Descollaban como oradores importantes dentro de la avanzada del Partido Revolucionario Dominicano, el profesor José del Carmen Rodríguez, Pablo Rafael Casimiro Castro, Washington de Peña, entre otros. El Golpe deportó del país al Presidente Bosch, a casi todo el gabinete y a los líderes principales del PRD, entre ellos a Ángel Miolán, a quien la oposición golpista llamaba “El Premier” y a la Senadora del Distrito Nacional, la impetuosa luchadora anti trujillista Thelma Frías, quien había sufrido tortura, detenida en la tétrica cárcel de “La 40”, y contra quien los golpistas dirigían gran parte de su odio por sus pronunciamientos verticales y agresivos. Fue Peña Gómez quien dirigió la reorganización del Partido Revolucionario Dominicano, asaltado su local por la policía y encarcelados y perseguidos sus dirigentes nacionales. Ocupó por primera vez la Secretaría General, posición que cede luego a dirigentes conservadores, como una acción táctica para evitar que el Triunvirato desconociera la legalidad del partido, ya que a él se le sindicaba como cabeza visible del grupo radical que planteaba el derrocamiento del Triunvirato.

 

Es a partir de Golpe de Estado que Peña Gómez inicia su  proyección política y las dimensiones de su liderazgo. Es con Peña Gómez ya como figura principal de ese partido en  ausencia de Bosch, que se reúne el Movimiento 14 de Junio para acordar una acción militar conjunta con el PRD para lograr el restablecimiento de la constitucionalidad, Peña Gómez  planteó que se pospusiera la acción guerrillera, por varios meses, para desatar  movimientos de masas que en un momento dado sirvieran de base a las acciones armadas conjuntas en el campo y la ciudad que culminaran en el derrocamiento del gobierno de facto. El Movimiento 14 de Junio había llamado al PRD públicamente a formar un Frente de lucha común contra el gobierno del Triunvirato por el retorno a la Constitución de 1963.

 

Es Peña Gómez quien convence a Bosch, visitándolo varias veces en Puerto Rico, en los meses posteriores al Golpe de Estado, de que desista de la tesis de disolución del Partido o poner en receso la organización política, posición de Bosch sustentada en el criterio de que el PRD no estaba conformado para lucha ilegal ni para la conspiración, por lo que se imponía que cesara como partido, sugiriendo grupos y formas organizativas de lucha con objetivos directos, que no requerían de seiscientos mil o un millón de afiliados, necesarios solamente para ganar elecciones. Peña logró que Bosch modificara su actitud consciente de que si se prescindía del PRD, la lucha se degradaba a acciones minoritarias que desmovilizarían a las masas y  facilitarían al Triunvirato la represión e ilegalidad de la presencia política opositora, tal y como había ocurrido con el 14 de Junio, masacrado sin piedad bajo el alegato de la subversión. El planteamiento de Peña Gómez fue que la lucha política de denuncias y agitación en el seno del pueblo elevaba la combatividad popular y servía de acicate a los incipientes grupos militares que estaban dispuestos a luchar por el retorno a la constitucionalidad. El partido, decía Peña, es el marco de legalidad que nos permitirá difundir públicamente nuestras ideas y producir un estado de conciencia revolucionario. Es entonces que surge la designación de José Rafael Molina Ureña, como contacto con los grupos militares y Peña Gómez como jefe real de la conspiración en términos políticos en ausencia de Bosch. Molina era el Presidente de la Cámara de Diputados del disuelto Congreso, y era en línea sucesoral, a quien correspondía la Presidencia de la República en ausencia de Bosch, González Tamayo y Juan Casasnovas Garrido, o sea del Presidente, del Vice y del Presidente del Senado, es por ello que Bosch designó a Molina como contacto con los militares, ya que tenía representación jerárquica  y sería el Presidente en las primeras horas del contragolpe, o sea la garantía política para ellos de parte de Bosch. Pero fue Peña Gómez, en sus diarias disertaciones por Tribuna Democrática, escuchada por todo el país, quien trazó las líneas maestras de la lucha política de masas, de las huelgas, de los motines, de la táctica de unificar diversas conspiraciones, reuniéndose personalmente con por lo menos tres facciones conspirativas en los cuarteles, resquebrajando la unidad política del Triunvirato.

Nada casual que la tarde gloriosa del 24 de abril de I965, el capitán Mario Peña Taveras, en nombre de un grupo de oficiales llamara a José Francisco Peña Gómez para que diera a conocer la sublevación y llamara al pueblo a respaldarlos. No llamó a un locutor, llamó a la voz que durante año y medio, había estado pregonando el retorno a la constitucionalidad sin elecciones, consigna nacida en la cabina de Radio Comercial, a la voz que esperaba todo el país al mediodía, a la voz que le otorgaba confianza y seguridad a la nación. Aunque los acontecimientos históricos se hubiesen dado de todas maneras porque obedecieron a constantes sociales y políticas incubadas en un proceso de lucha popular, estoy absolutamente seguro, que fue al reconocer  la  voz de Peña Gómez, que las masas se lanzaron a las calles, frenéticas, alucinadas, dispuestas a  morir por sus  ideas y principios consignados en la Constitución de 1963. El enorme liderazgo posterior de Peña Gómez así lo confirma

SIMILARES

POPULARES