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sábado, mayo 30, 2026

La irrupción de la sociedad civil en la política partidista, el gobierno y el Poder real

Por Fernando Peña

Ante la crisis global que nos abate dejada por la pandemia del Covid19, todas las seguridades desaparecieron en tan corto tiempo, la estabilidad económica es una quimera, cada nación está sorteando la incertidumbre y las alianzas, la prudencia y concertación es el camino más expedito.

Como sociedad nosotros hemos sido dominado por una férrea estructura corporativa política empresarial, lo que se ha hecho o ha dejado de hacer ambos han tenido la responsabilidad y el compromiso.

La llamada sociedad civil ha existido fuera de esos compromisos, además que esa sociedad civil ha estado desvinculada de los sectores sociales organizados popular, campesina.

Se le ha visto como actores de intereses foráneos, financiada incluso, han existido en el marco de elites, intelectual, periodístico, y en los últimos anos se refugiaron en la notable clase media y en la bulle mediática que le da el avance de las herramientas de las redes sociales.

El hastío de esa clase media con la Era de gobernanza del PLD, los descuidos del gobernante peledeismos con el tema de la corrupción le dieron un nicho para la participación ciudadana en los reclamos y protestas.

Alteraron la esencia de la participación ciudadana en el gobierno del PLD.

El PRM y el hoy presidente Luis Abinader sacaron partido y resultados políticos electorales a esa coyuntura y le ha permitido al presidente Abinader abordar desde una perspectiva más social y más popular, los temas nacionales, de Estado y gobierno.

Pero, es un tema peligroso porque desdeña a lo puramente político, partidario, afecta la democracia y beneficia a la llamada sociedad civil, a un sector empresarial y a elementos llamados líderes de opinión.

Incluso la misma conformación del gabinete de gobierno así lo delata, y se ve un gobierno de empresarios y elementos de la sociedad civil.

Al extremo que el paso del gobierno se lo da ese sector y le dobla el pulso con denuncias y reclamos a través de las redes sociales, no movilización ni reclamos del pueblo.

El disgusto de la clase política, de partidos y líderes es notable.

Lejos esta creer que la agenda que está llevando el presiente Luis Abinader podrá darle estabilidad política y paz social al país cuando la concertación y unidad esta soslayada y olvidada.

En medio de la crisis global y nacional catastróficas, el desgaste a los presidentes y gobiernos le llega rápido, más si se desvincula de su sostén político partidario y solo busca apoyo en elementos de la sociedad civil y en un deslucido y gastado líder político lleno de conflictos y falta de credibilidad nacional. Grave error.

Se olvida Luis Abinader que hoy, en la sociedad dominicana actual, nadie está en posibilidad de ejercer un dominio hegemónico sobre el conjunto social, político y partidario del país.

Elegir el camino de la confrontación amparado en una lucha anticorrupción nos llevara al colapso, el momento requiere de una competencia más equitativa y transparente.

El país ha vivido una estabilidad económica y política resaltante que consolidó el proceso de democratización, el camino elegido por Luis Abinader nos podría llevar a un proceso de ingobernabilidad consistente en el sustancial incremento de la conflictividad política y social.

 

 

 

 

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