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El gran reto de los partidos estafados en las elecciones

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Por Felipe Ciprián

Más que derrotada en las dos elecciones nacionales de este año, la oposición fue estafada por el Partido Revolucionario Moderno (PRM) utilizando todos los poderes de que dispone en el Estado.

Naturalmente, los partidos opositores tienen tantas debilidades, que el PRM y el gobierno no los respetan.

Todavía más, los consideran incapaces de reaccionar con madurez, inteligencia, sagacidad y espíritu de ofensiva.

En otras palabras: no les tienen ningún temor ni creen correr ningún riesgo cuando los humillan.

Por eso el PRM-gobierno les compra a sus dirigentes, legisladores, alcaldes, regidores…, manipula la conciencia de un amplio fragmento del electorado traficando con su miseria: Les da una compra de 2,000 pesos a cambio del voto o de la cédula para impedirles sufragar por otro partido y alinea con contratos a todas las voces comunicacionales vulnerables a vender su alma por dinero.

Y como si no hubiese hecho nada, el reelecto Luis Abinader llama a los dos candidatos más votados –después de él- a que pacten con el reeleccionismo, reformas institucionales y financieras.

Lo he dicho: Abinader quiere una reforma constitucional para permitir la reelección indefinida y una reforma fiscal (aumento de impuestos para los consumidores) para mantener al gobierno operando como una máquina de ganar elecciones.

Ese es su programa máximo y si los principales dirigentes de los partidos fuera del gobierno no lo entienden hoy o lo dudan, me compadezco de ellos, pero sobre todo, de los militantes que los siguen.

El gran problema de Abinader y su partido es que si bien ellos tienen dominado hasta ahora al espectro partidario opositor, no pueden influir y mucho menos revertir, las condiciones objetivas.

Esas condiciones se caracterizan por un indetenible alza de precios de los alimentos, medicinas, servicios básicos, inseguridad ciudadana, informalidad laboral, quiebra de la agropecuaria y los micro negocios de todo tipo.

Mientras más crece el poder político del PRM, peor experiencia vive la gente cuando va a un ventorrillo, colmado, mercado, supermercado, farmacia, gasolinera, aborda un autobús o un avión, y ni hablar de procurar momentos de esparcimiento familiar.

El dilema de los partidos

Frente a una situación tan dramática y un partido-gobierno que pretende eternizarse en el poder para no hacer nada más que enriquecer a sus dirigentes y hundir a la población en la miseria pauperizada, los partidos fuera del gobierno tienen que decidir si observan indiferentes el entierro del pueblo o si pagan el precio de ponerse a la altura de las nuevas circunstancias y de esa terrible amenaza.

La primera alternativa es acomodarse y no resistir junto al pueblo el escamoteo de sus conquistas democráticas mínimas (límites a la reelección) y aceptar (e incluso apoyar) un aumento de impuestos para que el gobierno disponga de recursos sobrados para seguir usándolos para perpetuarse en el poder y no resolver un solo problema nacional.

Una segunda alternativa sería hacer conciencia de que un intento de reelección indefinida conduciría al país a una tiranía institucionalizada, anulando a la oposición y las opiniones críticas, por lo que se justifica lanzar un gran proyecto de resistencia democrática para impulsar la alternabilidad en el poder.

Si los dirigentes de los partidos entienden la gravedad de la hora y deciden dar un paso al frente, su responsabilidad es asumir su compromiso político y social al lado del pueblo, sin dobleces, enfocados en revertir esta etapa malvada y trágica que nos azota a todos.

Su decisión inicial debe implicar pasar de ser partidos fuera del gobierno, a partidos de oposición.

Saltar de partidos exclusivamente para acudir a elecciones, a organizaciones articuladas con el pueblo para luchar por sus necesidades básicas: seguridad ciudadana, servicios de educación, salud, suministro de electricidad, agua, asistencia social, respeto a las libertades y los derechos humanos, oportunidad de empleo.

El PRM-gobierno es un bando organizado y enfocado en ganar elecciones desde el poder. ¡Basta!

Movilización social

Esa maquinaria solo puede ser derrotada con una oposición fundida en los más amplios sectores de la sociedad que se movilicen pacífica, pero masivamente, contra la incompetencia, la corrupción impune de este gobierno, la conducción estúpida de la educación, la infraestructura y la justicia.

Uno, dos o más líderes de los partidos que fueron vulgarmente cartereados durante las elecciones municipales y luego las presidenciales y legislativas, deberían llamar a un Gran Foro Nacional Opositor para examinar en detalles y socializar las prácticas perversas del PRM-gobierno.

Con sus conclusiones a mano, esos partidos deberían crear espacios plurales y compartidos para examinar la realidad de los distintos sectores, elaborar programas alternativos de lucha y expresarse a través de medios impulsados en común para irradiar sus ideas y sus acciones populares.

Si los partidos fuera del gobierno se convierten en opositores y crean un espacio democrático, respetuoso de sus características, pero conscientes de la necesidad de la unidad para salvar al pueblo, un nuevo arcoíris iluminaría el futuro del país y una esperanza asomaría en el horizonte para borrar esta mancha terrible a fuerza de avenidas llenas reclamando ética, respeto y democracia.

En lugar de ser cómplice por acción o por omisión de la barbarie que se cierne sobre República Dominicana, los estafados en las últimas elecciones deberían tener el suficiente patriotismo para forjar articulaciones unitarias para poner en acción al pueblo y resistir la ignominia que sobre él se cierne.

Me he cuidado de nombrar a los líderes o partidos que deben dar un paso al frente porque no es mi responsabilidad, pero es obvio que quienes más ‘ganaron’ en las pasadas elecciones fueron la Fuerza del Pueblo y el PLD.

A ellos corresponde impulsar procesos de evaluación y decidir si se mantienen como maquinarias electorales para conquistar a los votantes con promesas a cumplir cuando sean gobierno, o se convierten en luchadores cotidianos al lado del pueblo para en cada elección presentar a sus más prominentes líderes populares para que sean sus candidatos y prueben con el mando, que son lo nuevo.

Unir a los partidos opositores, movilizar al pueblo por sus más sentidas reivindicaciones y ver el proceso electoral como una corona de esas luchas, es el camino franco para derrotar este presente gris y terrible que amenaza con perpetuarse.

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Desde New York

Detective Ángel Martínez nuevo millonario Hollywood llevará libro al cine

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A la pantalla grande libro de detective Ángel Martínez, contrato millonario en Hollywood. Miami, EEUU. –
El libro “¿Quién me robó mi identidad?” del detective y escritor Ángel Martínez, de origen dominicano, se llevará al cine.
En Hollywood han adquirido los derechos del libro de Ángel Martínez y desarrollarán y producirá una película que tienen previsto adaptar, según datos aportados a este medio.
Para la adaptación del libro al cine, adquirir los derechos para el filme, Ángel Martínez firmará un contrato de más de nueve millones de dólares.
La industria del cine se nutre constantemente de la literatura, o bien para adaptar a la gran pantalla obras literarias que han llegado al corazón de mucha gente, o para darle una vuelta a esas historias y generar películas que incluso pueden llegar a superar al original.
El libro publicado por Ángel Martínez cuenta la historia de un robo de banco usando identidad robada.
El libro demuestra un caso real ocurrido hace 14 años y que hoy sigue relevante, y que, con los avances tecnológicos, las complejidades del robo de identidad se han multiplicado.
Es un relato que describe hechos reales y como los delincuentes pueden apropiarse de nuestra identidad y que además también proporciona información para protegernos contra este creciente peligro que asecha a todos.
El detective Ángel Martínez fue contratado por Bank of America para la investigación del Robo de la sucursal de Bank of America en Coral Gables, Miami que fue incluso amenazado por explosivos en el 2010.
Fue un audaz robo de banco ocurrido un lunes antes de las 10 a.m., un hombre entró en la sucursal localizada en el 1500 S. Dixie Highway y tenía «lo que parecía un arma de fuego debajo de , Miami la camisa’.
Eso dijo en ese entonces Janette Frevola, portavoz de la policía de Coral Gables, Miami.
El hombre le entregó una nota a una cajera y se fue con una cantidad de dinero que no se especificó. Un guardia de seguridad estaba en el banco en el momento del atraco, pero la cajera no lo alertó hasta después del robo.
Luego de lo ocurrido, el banco cerró. Se dijo que se cree que el ladrón es un hombre de unos 25 años que vestía una gorra de color claro y una camiseta de color púrpura con un animal pintado, dijo el FBI que también acudió a la sucursal de Bank of America en Coral Gables, Miami.
El detective Ángel Martínez al entrar en la investigación privada del caso descubre que el robo de la sucursal de Bank of America en Coral Gables, Miami fue realizado con robo de identidad, y advierte que en un mundo cada vez mas interconectado, la identidad personal se ha convertido en uno de los bienes más valiosos y, al mismo tiempo vulnerable.
Ángel Martínez es un investigador y escritor dominicano radicado en Miami, EEUU que ha publicado decenas de libro sobre el narcotráfico y el crimen organizado, trabajado en investigaciones encubierta para la CIA, FBI, DEA y ADUANA de Estados Unidos.

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«Analizando la cultura del descarte»

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Por Lisandro Prieto Femenía

«No puedes controlar a tu propia gente por la fuerza,

pero puedes distraerlos con el consumismo»

Noam Chomsky

Hace unos cuantos años el Papa Francisco realizó en su encíclica “Laudato Si” (2015) una denuncia que en su momento sonó poderosa y se fue diluyendo, como todo en este mundo líquido: criticó una sociedad que trata a las personas y a los recursos naturales como objetos desechables, promoviendo de esta manera un estilo de vida basado en el derroche y la falta de respeto por la dignidad humana y el ambiente. Esa reflexión nos invitó a profundizar en el concepto del derroche y su relación con una vida estrictamente inauténtica, que hoy volveremos a discutir con ustedes.

La frase o término mismo de “cultura del descarte” fue popularizado por el Papa Francisco para describir una realidad durísima pero, paradójicamente, abrazada y naturalizada por todos nosotros, a saber, tratamos a las personas, a los animales y a nuestro ambiente como basura luego de haberlos usado, disfrutado, consumido, como si fueran cosas reemplazables al dejar de ser “útiles”. ¿Suena duro verdad? Más dura es la realidad, en tanto que se ha instalado como “normal” la sistematización de la marginación de personas, multiplicando día a día la cantidad de pobres y desesperados que, por más que los neguemos y no los miremos, comparten mundo con todos nosotros.

El consumo desproporcionado y el derroche, en este contexto, puede entenderse como una manifestación de una vida carente de autenticidad puesto que carece de un sentido profundo y significativo más allá de la patética visión de felicidad mediante la adquisición de bienes y servicios. Evidentemente tenemos que meter a Heidegger aquí justamente porque para él la autenticidad se logra cuando uno vive de acuerdo con su propio ser y no simplemente conforme a las expectativas y normas impuestas por una sociedad enferma. Visto así, el derroche se traduce en sintonía con un síntoma de una vida alienada del propio ser, o sea, que ha reemplazado su interés por existir por el interés a tener, gastar, acumular, lucir y demostrar. ¿Patético no?

En su obra “La pregunta por la técnica” (1954), Heidegger analizó cómo la tecnología moderna no solo transforma nuestra relación con el mundo, sino con nuestra comprensión del ser mismo al aseverar que «la esencia de la técnica no es nada técnico. La técnica es una manera de revelar, es decir, de traer a la luz y hacer que se manifieste aquello que, en sí mismo, no es manifiesto» (Heidegger, «Die Frage nach der Technik», 1954). La tecnología es mucho más que un conjunto de herramientas y procesos puesto que tiene un impacto más profundo en nuestra forma de comprender nuestra existencia ya que es un modo de revelación que transforma la percepción del ser y el mundo circundante. El peligro que visualizaba Heidegger, hace setenta y cinco años, sobre la técnica es que nos conduzca a una visión del mundo como recurso disponible para la explotación y el dominio del ser humano mediante un enfoque instrumental que puede reducir las cosas y las personas a meros objetos “útiles” en función de fines técnicos y económicos, en lugar de ser valorados en su propia dignidad y singularidad. El hombre como “cosa útil”…¿Les suena conocida la película?

Pensemos en algo muy básico, que todos los que tenemos más de treinta y pico de años hemos podido experimentar: ¿Acaso en nuestra niñez no era sorprendente que los artefactos del hogar duraran más tiempo? ¿No era común que casi todo lo que se rompía se reparaba? Aún más, ¿no notan Uds. que las cosas duran cada vez menos tiempo y son cada vez más ordinarias? Ni hablar de la época de nuestros abuelos en la que se utilizaban utensilios de uso reiterado, como las jeringas de vidrio, las botellas del mismo material para la leche y la inexistencia del plástico para envolver cualquier producto alimenticio, entre tantos otros. ¿No era acaso ese mundo mucho más saludable, a pesar de haber contado con muchísimos menos desarrollos científicos y tecnológicos? No lo sé, lo que sí puedo afirmar es que pasamos de vivir con cosas a vivir para las cosas. Prueba cabal de ello lo podemos experimentar cuando nos olvidamos nuestro teléfono celular al salir de casa y sentimos, literalmente, que nos falta algo tan vital como un brazo o una pierna, pero no, es ese aparato «que nos tiene conectados».

En reiteradas ocasiones, en las que estoy seguro, amigos lectores, me habrán acompañado con su lectura, hemos descrito al consumismo como objeto de crítica por parte de numerosos filósofos y teóricos sociales. Uno de ellos, Zygmunt Bauman (1925-2017), en su libro Vida de Consumo (2007) sostuvo que la sociedad contemporánea convierte a los individuos en permanentes consumidores, situación que los lleva a construir su propia identidad mediante los bienes que se adquieren y/o desechan:

«En una sociedad de consumo, «ser» significa «ser visto como consumidor», y el consumo mismo se convierte en el sustituto de la vida» (Bauman, 2007).

No es accidental que hayamos enunciado año de nacimiento y muerte de Bauman al lado de su nombre: casi un siglo de vida (y no cualquier siglo) le mostró al filósofo polaco-británico cómo pasamos de ser carne de cañón para dos guerras mundiales y otras más, a ser cosas útiles para un sistema político y económico que requiere cada vez más consumidores golosos y obedientes que pregunten poco y repitan todo.

También el filósofo canadiense nacido en 1931 Charles Taylor, sostiene en su obra titulada “La Ética de la Autenticidad” (1991), una fuerte crítica a la superficialidad de la vida moderna y el énfasis puesto en el consumo, argumentando que la búsqueda de autenticidad ha sido completamente distorsionada en nuestra cultura posmo-tanatofílica (liviana, líquida y amante de la indiferencia ante la muerte, en criollo), llevando al extremo un enfático amor por el individualismo y el hedonismo resultando en una posterior desconexión de los valores y tradiciones que, si bien no son perfectas, al menos buscaban darle sentido a la vida:

«La ética de la autenticidad, como la entiendo, no es una ética de ‘afirmar el yo’ en el sentido en que se dice a menudo. No se trata de poner al descubierto nuestra identidad personal y luego emprender una tarea de autenticación. Más bien, es sobre la forma en que configuramos nuestras vidas, nuestras relaciones y nuestras instituciones» (Taylor, 1991).

Acercándonos cada vez más al presente, el filósofo esloveno Slavoj Žižek también nos brinda material de sobra para entender esta crítica a la sociedad contemporánea, especialmente a la noción de la cultura del descarte como un fenómeno que va más allá de la simple eliminación de objetos materiales. Žižek nos va a sugerir en “Vivir en el fin de los tiempos» (2010) que esta cultura refleja una mentalidad profundamente arraigada en el capitalismo globalizado, donde las personas y los valores son también descartados cuando ya no son de utilidad para la producción y el consumo:

«La cultura del descarte no es simplemente sobre deshacerse de cosas viejas o rotas; es sobre desechar incluso a las personas, relaciones, ideas y valores que ya no sirven a los intereses de la producción y el consumo» (Žižek, 2010).

Posteriormente, en el año 2012, Slavoj Žižek protagonizó un documental denominado «La guía perversa de la ideología», en el que analiza la ideología de la sociedad de consumo y sus efectos, teniendo como escenario de fondo un basural. Y no es casual la elección de dicha ambientación, puesto que Žižek la utiliza como metáfora visual- literalmente el gordo está en un basurero gigante- de la sociedad que crea enormes cantidades de desechos y cómo estos desechos reflejan las contradicciones y problemas inherentes al estilo de vida que llevamos actualmente. El basural no es solamente un lugar físico donde se depositan los desechos, sino un potente símbolo de cómo la ideología capitalista salvaje trata a las personas y a los objetos una vez que han perdido su valor económico:

«El basural es donde terminan no solo los productos que ya no usamos, sino también las personas que la sociedad considera ‘desechables’. Este es el lado oscuro del brillo y la promesa del capitalismo: una acumulación constante de residuos que incluye vidas humanas» (The Pervert’s Guide to Ideology, 2012).

La cultura del descarte que venimos describiendo y que, en la escena del basural se ve patente y literalmente, no sólo genera un impacto ambiental negativo, sino que también tiene profundas implicancias sociales y éticas. A pesar del olor, a pesar de que pasamos delante de las montañas de basura a diario, a pesar de ver casi cotidianamente seres humanos hurgando en ella para conseguir comer o «algo de valor», lo interesante es que todos vivimos como si ese costo oculto no existiera. ¿Por qué será? Pues bien, Žižek nos explicará que la ideología de consumo perpetúa en nosotros una ilusión de satisfacción y felicidad que se desvanece rápidamente, como lo haría cualquier droga, dejando tras de sí una estela de residuos: esta dinámica revela una contradicción básica de nuestro estilo de vida que se sustenta en la promesa de progreso y bienestar que se logra a expensas de crear una creciente masa de desechos y exclusión social:

«La verdadera catástrofe no es solo la acumulación de basura, sino la lógica subyacente que produce esta basura. El capitalismo necesita constantemente crear y descartar para sostener su ciclo de producción y consumo» (The Pervert’s Guide to Ideology, 2012).

Lo que intenté hacer aquí, querido lector, es presentar una pequeña ilustración de cómo la cultura posmoderna híper-globalizada, impulsada por la lógica del mercado y la eficiencia económica, nos ha llevado a una deshumanización criminal y alienación generalizada. Pero no basta con «ilustrar», mostrar, criticar o denunciar, no, de lo que realmente se trata pensar filosóficamente es de invitar a cuestionar y a resistir esta dinámica vital enfermiza y adictiva y sugerir enfáticamente una verdadera transformación social que requiere de una reevaluación de nuestros valores y prioridades más allá de las demandas del estúpido y sensual estilo de vida que venimos naturalizando desde hace más de cien años de manera cada vez más intensa mediante la alienación de la adquisición constante como regla básica del éxito y del triunfo de la cosificación innecesaria de seres que pudiendo pensar, prefieren comprar.

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