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miércoles, febrero 11, 2026

De farsantes, acomplejados y otros especímenes del circo político

Por Bolivar Balcacer
Hay una nueva plaga en el ecosistema político contemporáneo: los iluminados sin currículum, sin plan, sin ideas, pero con una cámara frontal impecable y una conexión Wi-Fi estable. Se presentan como líderes —así, con todas las letras y sin el menor sonrojo—, pero no pasaron ni por la puerta trasera de la formación política básica. Lo suyo no es gobernar, sino figurar. No representan causas, representan a su ego. Son los bufones que se creen estadistas, los acomplejados con micrófono, los bipolares emocionales con hambre de aplauso.

*Se les reconoce fácil*: hablan con tono mesiánico, repiten frases de superación personal como si fueran tesis de Estado, y cada discurso parece escrito por un gurú de Instagram con resaca. ¿Propuestas? Ninguna. ¿Ideología? Camaleónica. ¿Coherencia? Un lujo innecesario. Su única estrategia es abrir veinte frentes al mismo tiempo —porque atacar todo es más fácil que entender algo— y luego hacerse las víctimas cuando se les cae encima la avalancha de su propia estupidez.

Son influencers disfrazados de políticos, especialistas en todo y maestros de nada. Un día son revolucionarios antisistema, al otro defensores del orden, y al siguiente autoproclamados salvadores del universo. Lo único constante es su necesidad patológica de llamar la atención. Porque, claro, gobernar requiere esfuerzo, pero figurar solo exige un buen aro de luz y una frase rimbombante.

Pero no caigamos en la trampa de pensar que son simplemente ridículos: son peligrosamente ridículos. Su falta de formación es directamente proporcional a su arrogancia, y su inseguridad profunda se disfraza de agresividad discursiva. Atacan, interrumpen, descalifican, y luego se sienten incomprendidos, como si el país no estuviera preparado para su “genialidad”. No son incomprendidos, son insostenibles.

Lo peor de todo es que su teatro no entretiene ni convence. La ciudadanía, que ya tiene bastante con sobrevivir, los observa con una mezcla de asombro, fastidio y vergüenza ajena. Porque el problema no es solo que no sepan lo que hacen: es que no saben que no saben. Y aun así, ahí están, opinando de geopolítica como si hubieran salido del MIT, (Massachusetts Institute of Technology) pero sin haber pasado por una biblioteca en su vida.

En simples palabras: Uno, no se puede abrir tantos frentes sin provocar un incendio. No se puede vivir en el figureo eterno sin perder toda credibilidad. Y no se puede ser líder sin dejar de ser, al menos por un rato, el centro del universo.

La política necesita ideas, no poses. Coraje, no berrinches. Y sobre todo, formación. Porque ya tuvimos suficiente de influencers con complejo de Churchill y carisma de vendedores de pirámides.

El pueblo, que no es tonto, lo ve. Y se harta. Lentamente, pero se harta. Porque hasta para hacer el ridículo, hay que tener talento. www.tvmctv.com

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