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jueves, marzo 12, 2026

OPINIÓN | Cansado de arar en el desierto de la indiferencia

Por Bolivar Balcacer
“Los grandes referentes —Freddy Beras, Yaqui Núñez, Caamaño, Amaury, Claudio, Ramón Almanzar— cayeron en el olvido. Y ahora, la traición más atroz: el abandono de Ángel Martínez, preso político y secuestrado moral, sin una sola voz masiva que lo respalde. ¿Dónde están sus miles de seguidores? ¿Los influencers? ¿Los indignados de cartón?”
Hoy, desde lo más hondo de mi conciencia y con el corazón saturado de impotencia, confieso que me invade un desencanto brutal. ¿Cómo no sentirlo, cuando la mayoría del pueblo se arrulla en una pasividad enfermiza mientras el país se desangra? ¿Dónde están los gritos? ¿Dónde el coraje? Somos testigos de corrupción desbordada, de un Estado secuestrado por el nepotismo, la traición, el cinismo, la mordaza y el caos institucional… y sin embargo, reina el silencio. Un silencio cobarde. Un silencio cómplice.

Y lo más indignante no es solo la podredumbre del sistema, sino la vileza con la que esta sociedad trata a quienes intentamos orientar, alertar, sacudir conciencias. Nos crucifican con críticas huecas, nos señalan como si fuésemos el problema. No hay defensa para el pensamiento crítico, ni reconocimiento para los que entregamos el alma por una patria que parece no querer salvarse, y que miran al que salió como un estorbo y no valoran nada de lo que por lo que quedaron se hace.

Los grandes referentes —Freddy Beras, Yaqui Núñez, Caamaño, Amaury, Claudio, Ramón Almanzar— cayeron en el olvido. Y ahora, la traición más atroz: el abandono de Ángel Martínez, preso político y secuestrado moral, sin una sola voz masiva que lo respalde. ¿Dónde están sus miles de seguidores? ¿Los influencers? ¿Los indignados de cartón?

La sociedad dominicana está podrida de ego, de vanidad, de ambición sin ética. Nadie quiere ser educado, nadie quiere ser guiado. Solo quieren «likes», fama, billetes. El país se deshace, y aún así, el que osa levantar la voz, es el enemigo.

Y como si fuera poco, el aspirante presidencial de turno —un improvisado trotamundos sin brújula moral ni sentido político— tiene la osadía de afirmar en un video que «no necesita a nadie, ni voceros, ni mensajeros, ni intermediarios». ¿Qué clase de líder se jacta de su autosuficiencia en un momento de crisis nacional? Solo un necio temerario, arrogante hasta el delirio, que no entiende que gobernar es, ante todo, escuchar.

Hoy, créanme, me dan todas las ganas de cerrar este capítulo. De callar. De apartarme. Porque yo no vivo en el país, mis problemas están, en gran parte, resueltos en estas lejanas tierras de Dios que me acogen como a un hijo. Lo que más necesito —y merezco— es tranquilidad, no esta constante guerra emocional con una patria que no escucha, que no agradece, que no reacciona. He dado más tiempo del que debía, he hablado con más fuerza de la que se me exigía. Pero ¿para qué seguir arando en un desierto donde solo crece la ingratitud?

Perdónenme. Pero esta es mi realidad. Estoy harto. No de luchar, sino de tantos criticos sin sesos, autenticos mirones de palo que su unico objetivo es joder la paciencia y buscarle la quinta pata a todo, la cuestion es no pensar antes de escribir o de hablar. porque en su lengua parece que llevan sacos de PUPú.

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