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miércoles, marzo 11, 2026

Ojalá encontremos la vergüenza perdida.

Por Fernando Peña. El presidente Luis Abinader luce postrado a intereses y entramado políticos y económicos que durante décadas han cualquierizado la vida pública y privada dominicana . El pueblo dominicano confió en que Luis Abinader haría los cambios institucionales, sociales y políticos vitales, pero no ha sucedido así. Para ello se necesitaba más que discurso, voluntad, coraje, determinación para apear injusticia y enfrentar intereses. Ha habido amago de cambio, se han evidenciado la más perversas corruptelas políticas. Se han traducido a la justicia casos espeluznantes, pero no se ha desmontado los entramados y las cabezas de ese flagelo. Cada día se va descubriendo entramados, actos bochornosos, hace día descubrí cómo en el 2018 se le adjudicó a una persona miles de terrenos, prácticamente una comunidad campesina entera que sus habitantes tienen más de cien años cultivando esa tierra y viviendo ahí. Lo que sucedió, lo que sucede en esta media isla es digno de un cuento de ficción. Todo eso debe ser castigado! Pero, lamentablemente no será así. Porque se necesita de voluntad política, de enfrentar intereses, de profundizar y tocar personalidades del arcoíris político y empresarial. Y eso no sucede ni hay indicios de que pueda suceder. Aquí se necesitan cambios estructurales. Luis Abinader por su propia condición de clase, económica y social no lo hará. No hay reparo, límite, ni conciencia. La política es campo a la propaganda y al populismo, la sociedad no tiene retorno, y no tendrá más destino que ser un arrabal donde prosperen la viveza, la corrupción y la audacia. Para avanzar hay que romper vicios , estructuras, componendas, complicidades. La democracia, esta que vivimos, es un sistema para explotar esperanzas, contar cuentos de hadas, canalizar resentimientos y decir discursos en los que la demagogia supera a la cursilería. Hemos tocado fondo!!! Si se pierde la vergüenza, como se ha perdido. Si no hay reparo, límite, ni conciencia. Si han convertido la ley en referente para ingenuos. Y si la política es campo librado a la propaganda y al populismo, entonces, sí, la sociedad no tiene retorno, y no tendrá más destino que ser un arrabal donde prosperen la viveza, la corrupción y la audacia.
Honestamente, hemos perdido la vergüenza, ha caducado la capacidad de sonrojo, se ha extinguido la integridad.
Vemos sin el mayor asombro que “los pájaros disparan contra las escopetas, y prospera la justificación del soborno, del robo, de lo mal hecho e insinúan argumentos que conducen, en definitiva, a tolerar el asalto a los bienes públicos.

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