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Lula, «tranquilo», se resguarda a la espera de la prisión

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Alba Santandreu/EFE
Sao Bernardo do Campo (Brasil)

Luiz Inácio Lula da Silva gestó su carrera como político en el sindicato de los metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo. En ese mismo lugar, cuarenta años después, el líder más carismático de Brasil comenzó a digerir que en las próximas semanas podría perder la libertad.

Resguardado de la atención mediática, Lula no prestó mucha atención al juicio del Tribunal Supremo, se mostró «tranquilo» e incluso comentó el golazo de chilena de Cristiano Ronaldo en el partido del Real Madrid contra el Juventus, según contaba un miembro del Partido de los Trabajadores (PT).

Pero lejos de la versión «oficial», en uno de los ascensores del sindicato, una mujer comentaba que nunca había visto a Lula tan «afectado» desde la muerte de su mujer, Marisa Leticia.

Alejado de los palcos y las multitudes, el tornero mecánico recibió anoche un nuevo mazazo, uno de los más importantes de su vida, después de conocer que el Supremo rechazó el habeas corpus intentado por su defensa para postergar la cárcel tras la condena por corrupción.

Mientras la justicia estrechaba su cerco, el exlíder sindical pasó el día reunido con los suyos, recibiendo visitas de conocidos y aliados políticos, entre ellas la de expresidenta Dilma Rousseff, de quien Lula fue hombro amigo durante el juicio político que la destituyó en 2016.

Mientras, unas trescientas personas, la mayoría del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST), siguieron la votación entre el desconcierto de los términos jurídicos empleados por los magistrados de la máxima corte, que analizaron el habeas corpus durante más de diez horas.

Con pancartas de «Lula es inocente» y «Lula es el pueblo», los simpatizantes del exmandatario llegaron a primera de la mañana al sindicato y, entre bailes y cánticos, acompañaron parte de la sesión del Supremo, aplaudiendo los votos favorables al exmandatario.

El más celebrado fue el del juez Gilmar Mendes, históricamente rechazado por la izquierda, pero que hoy se posicionó a favor de que Lula pudiera recurrir a instancias superiores en libertad, no sin antes deslizar sus críticas al Partido de los Trabajadores (PT) y a la prensa brasileña.

La decisión de Mendes supuso un alivio, pero la tranquilidad duró poco tiempo. La jueza Rosa Weber, fiel en la balanza en la votación, denegó el habeas corpus, aunque no hubo desolación, y contadas caras largas.

«Ella en el fondo contribuyó para que pueda ser decretada la prisión de Lula, lo que es una fase más del golpe de Estado», dijo en declaraciones a Efe Eloi Pietá, miembro de la directiva regional del Partido de los Trabajadores (PT).

De a p (oco, la militancia concentrada desde primeras horas de la mañana fue dejando el edificio, anticipando un final desfavorable para Lula, quien lidera todas las encuestas de intención de voto de cara a las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre.

Momentos antes, el presidente del sindicato de los metalúrgicos de la región metropolitana de Sao Paulo, Wagner Santana, mandó un mensaje a los congregados: «Lula pasó la vida entera luchando por nosotros y ahora espera eso de cada compañero y compañera».

Vestida con una camiseta con el rostro estampado del exmandatario, Marinalva Araujo aseguró casi entre lágrimas que siempre acompañó a Lula y ahora lo seguirá haciendo, esté él dentro o fuera de la cárcel.

«Con él yo he aprendido lo que es luchar por derechos. Representa mucho más que un sueño, es un proyecto que está ahí», sostiene.

Con los sindicatos y el Partido de los Trabajadores (PT) en horas bajas, el político de izquierdas, de 72 años, fue recibido por algunas centenas de manifestantes a las puertas de su casa, en la localidad de Sao Bernardo de Campo, donde tejió su meteórica carrera en la que pasó de obrero a presidente de Brasil en dos mandatos consecutivos, del 1 de enero de 2003 al 31 de diciembre de 2010.

Poco antes del fin del juicio del Supremo, una mujer gritó desde su ventana «Lula en la cárcel». Fue contestada duramente por algunos sindicalistas, en una escena que refleja la polarización entorno al líder más querido y odiado de Brasil.

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«Analizando la cultura del descarte»

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Por Lisandro Prieto Femenía

«No puedes controlar a tu propia gente por la fuerza,

pero puedes distraerlos con el consumismo»

Noam Chomsky

Hace unos cuantos años el Papa Francisco realizó en su encíclica “Laudato Si” (2015) una denuncia que en su momento sonó poderosa y se fue diluyendo, como todo en este mundo líquido: criticó una sociedad que trata a las personas y a los recursos naturales como objetos desechables, promoviendo de esta manera un estilo de vida basado en el derroche y la falta de respeto por la dignidad humana y el ambiente. Esa reflexión nos invitó a profundizar en el concepto del derroche y su relación con una vida estrictamente inauténtica, que hoy volveremos a discutir con ustedes.

La frase o término mismo de “cultura del descarte” fue popularizado por el Papa Francisco para describir una realidad durísima pero, paradójicamente, abrazada y naturalizada por todos nosotros, a saber, tratamos a las personas, a los animales y a nuestro ambiente como basura luego de haberlos usado, disfrutado, consumido, como si fueran cosas reemplazables al dejar de ser “útiles”. ¿Suena duro verdad? Más dura es la realidad, en tanto que se ha instalado como “normal” la sistematización de la marginación de personas, multiplicando día a día la cantidad de pobres y desesperados que, por más que los neguemos y no los miremos, comparten mundo con todos nosotros.

El consumo desproporcionado y el derroche, en este contexto, puede entenderse como una manifestación de una vida carente de autenticidad puesto que carece de un sentido profundo y significativo más allá de la patética visión de felicidad mediante la adquisición de bienes y servicios. Evidentemente tenemos que meter a Heidegger aquí justamente porque para él la autenticidad se logra cuando uno vive de acuerdo con su propio ser y no simplemente conforme a las expectativas y normas impuestas por una sociedad enferma. Visto así, el derroche se traduce en sintonía con un síntoma de una vida alienada del propio ser, o sea, que ha reemplazado su interés por existir por el interés a tener, gastar, acumular, lucir y demostrar. ¿Patético no?

En su obra “La pregunta por la técnica” (1954), Heidegger analizó cómo la tecnología moderna no solo transforma nuestra relación con el mundo, sino con nuestra comprensión del ser mismo al aseverar que «la esencia de la técnica no es nada técnico. La técnica es una manera de revelar, es decir, de traer a la luz y hacer que se manifieste aquello que, en sí mismo, no es manifiesto» (Heidegger, «Die Frage nach der Technik», 1954). La tecnología es mucho más que un conjunto de herramientas y procesos puesto que tiene un impacto más profundo en nuestra forma de comprender nuestra existencia ya que es un modo de revelación que transforma la percepción del ser y el mundo circundante. El peligro que visualizaba Heidegger, hace setenta y cinco años, sobre la técnica es que nos conduzca a una visión del mundo como recurso disponible para la explotación y el dominio del ser humano mediante un enfoque instrumental que puede reducir las cosas y las personas a meros objetos “útiles” en función de fines técnicos y económicos, en lugar de ser valorados en su propia dignidad y singularidad. El hombre como “cosa útil”…¿Les suena conocida la película?

Pensemos en algo muy básico, que todos los que tenemos más de treinta y pico de años hemos podido experimentar: ¿Acaso en nuestra niñez no era sorprendente que los artefactos del hogar duraran más tiempo? ¿No era común que casi todo lo que se rompía se reparaba? Aún más, ¿no notan Uds. que las cosas duran cada vez menos tiempo y son cada vez más ordinarias? Ni hablar de la época de nuestros abuelos en la que se utilizaban utensilios de uso reiterado, como las jeringas de vidrio, las botellas del mismo material para la leche y la inexistencia del plástico para envolver cualquier producto alimenticio, entre tantos otros. ¿No era acaso ese mundo mucho más saludable, a pesar de haber contado con muchísimos menos desarrollos científicos y tecnológicos? No lo sé, lo que sí puedo afirmar es que pasamos de vivir con cosas a vivir para las cosas. Prueba cabal de ello lo podemos experimentar cuando nos olvidamos nuestro teléfono celular al salir de casa y sentimos, literalmente, que nos falta algo tan vital como un brazo o una pierna, pero no, es ese aparato «que nos tiene conectados».

En reiteradas ocasiones, en las que estoy seguro, amigos lectores, me habrán acompañado con su lectura, hemos descrito al consumismo como objeto de crítica por parte de numerosos filósofos y teóricos sociales. Uno de ellos, Zygmunt Bauman (1925-2017), en su libro Vida de Consumo (2007) sostuvo que la sociedad contemporánea convierte a los individuos en permanentes consumidores, situación que los lleva a construir su propia identidad mediante los bienes que se adquieren y/o desechan:

«En una sociedad de consumo, «ser» significa «ser visto como consumidor», y el consumo mismo se convierte en el sustituto de la vida» (Bauman, 2007).

No es accidental que hayamos enunciado año de nacimiento y muerte de Bauman al lado de su nombre: casi un siglo de vida (y no cualquier siglo) le mostró al filósofo polaco-británico cómo pasamos de ser carne de cañón para dos guerras mundiales y otras más, a ser cosas útiles para un sistema político y económico que requiere cada vez más consumidores golosos y obedientes que pregunten poco y repitan todo.

También el filósofo canadiense nacido en 1931 Charles Taylor, sostiene en su obra titulada “La Ética de la Autenticidad” (1991), una fuerte crítica a la superficialidad de la vida moderna y el énfasis puesto en el consumo, argumentando que la búsqueda de autenticidad ha sido completamente distorsionada en nuestra cultura posmo-tanatofílica (liviana, líquida y amante de la indiferencia ante la muerte, en criollo), llevando al extremo un enfático amor por el individualismo y el hedonismo resultando en una posterior desconexión de los valores y tradiciones que, si bien no son perfectas, al menos buscaban darle sentido a la vida:

«La ética de la autenticidad, como la entiendo, no es una ética de ‘afirmar el yo’ en el sentido en que se dice a menudo. No se trata de poner al descubierto nuestra identidad personal y luego emprender una tarea de autenticación. Más bien, es sobre la forma en que configuramos nuestras vidas, nuestras relaciones y nuestras instituciones» (Taylor, 1991).

Acercándonos cada vez más al presente, el filósofo esloveno Slavoj Žižek también nos brinda material de sobra para entender esta crítica a la sociedad contemporánea, especialmente a la noción de la cultura del descarte como un fenómeno que va más allá de la simple eliminación de objetos materiales. Žižek nos va a sugerir en “Vivir en el fin de los tiempos» (2010) que esta cultura refleja una mentalidad profundamente arraigada en el capitalismo globalizado, donde las personas y los valores son también descartados cuando ya no son de utilidad para la producción y el consumo:

«La cultura del descarte no es simplemente sobre deshacerse de cosas viejas o rotas; es sobre desechar incluso a las personas, relaciones, ideas y valores que ya no sirven a los intereses de la producción y el consumo» (Žižek, 2010).

Posteriormente, en el año 2012, Slavoj Žižek protagonizó un documental denominado «La guía perversa de la ideología», en el que analiza la ideología de la sociedad de consumo y sus efectos, teniendo como escenario de fondo un basural. Y no es casual la elección de dicha ambientación, puesto que Žižek la utiliza como metáfora visual- literalmente el gordo está en un basurero gigante- de la sociedad que crea enormes cantidades de desechos y cómo estos desechos reflejan las contradicciones y problemas inherentes al estilo de vida que llevamos actualmente. El basural no es solamente un lugar físico donde se depositan los desechos, sino un potente símbolo de cómo la ideología capitalista salvaje trata a las personas y a los objetos una vez que han perdido su valor económico:

«El basural es donde terminan no solo los productos que ya no usamos, sino también las personas que la sociedad considera ‘desechables’. Este es el lado oscuro del brillo y la promesa del capitalismo: una acumulación constante de residuos que incluye vidas humanas» (The Pervert’s Guide to Ideology, 2012).

La cultura del descarte que venimos describiendo y que, en la escena del basural se ve patente y literalmente, no sólo genera un impacto ambiental negativo, sino que también tiene profundas implicancias sociales y éticas. A pesar del olor, a pesar de que pasamos delante de las montañas de basura a diario, a pesar de ver casi cotidianamente seres humanos hurgando en ella para conseguir comer o «algo de valor», lo interesante es que todos vivimos como si ese costo oculto no existiera. ¿Por qué será? Pues bien, Žižek nos explicará que la ideología de consumo perpetúa en nosotros una ilusión de satisfacción y felicidad que se desvanece rápidamente, como lo haría cualquier droga, dejando tras de sí una estela de residuos: esta dinámica revela una contradicción básica de nuestro estilo de vida que se sustenta en la promesa de progreso y bienestar que se logra a expensas de crear una creciente masa de desechos y exclusión social:

«La verdadera catástrofe no es solo la acumulación de basura, sino la lógica subyacente que produce esta basura. El capitalismo necesita constantemente crear y descartar para sostener su ciclo de producción y consumo» (The Pervert’s Guide to Ideology, 2012).

Lo que intenté hacer aquí, querido lector, es presentar una pequeña ilustración de cómo la cultura posmoderna híper-globalizada, impulsada por la lógica del mercado y la eficiencia económica, nos ha llevado a una deshumanización criminal y alienación generalizada. Pero no basta con «ilustrar», mostrar, criticar o denunciar, no, de lo que realmente se trata pensar filosóficamente es de invitar a cuestionar y a resistir esta dinámica vital enfermiza y adictiva y sugerir enfáticamente una verdadera transformación social que requiere de una reevaluación de nuestros valores y prioridades más allá de las demandas del estúpido y sensual estilo de vida que venimos naturalizando desde hace más de cien años de manera cada vez más intensa mediante la alienación de la adquisición constante como regla básica del éxito y del triunfo de la cosificación innecesaria de seres que pudiendo pensar, prefieren comprar.

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Habrían ultimado este lunes a uno de los presuntos responsables de la muerte de agente DICRIM

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Agentes del Departamento de Investigaciones Criminales (DICRIM) habrían ultimado la noche de este lunes a uno de los presuntos responsables de la muerte de Everson Pérez, miembro de ese departamento, durante un supuesto atraco, mientras que otro estaría prófugo.

Según ha trascendido, el ultimado responde al nombre de Marco Antonio Ramírez del Carmen (a) Maicol, quien supuestamente fue localizado en la calle primera del sector La Ciénega.

De acuerdo a los detalles, los agentes trasladaron a Ramírez del Carmen al Hospital Moscoso Puello, luego del tiroteo. Hasta el momento se desconoce las circunstancias en que habría ocurrido este hecho.

Más temprano, enviaron a esta redacción varios videos en los que se observa a miembros de DICRIM en el referido sector. Asimismo, en uno de los videos se escuchan varios disparos.

Desde que se conoció la muerte de Pérez a manos de desconocidos, el DICRIM y demás cuerpos de seguridad, han iniciado una exhaustiva investigación para dar con los culpables.

#ElNuevoDiarioRD

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