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miércoles, marzo 4, 2026

La ilusión del poder: Gilberto Serulle y Monchy Rodríguez

 

Por Fernando Peña

Con la muerte súbita, inesperada de Monchy Rodríguez, le vienen a uno a la mente muchas interrogantes, lo efímera y fugaz de la vida… y la parte humana de la política.

Solo en la desgracia o la muerte, a veces, se reconocen las cualidades, los aportes y la obra de bien del hombre.

Monchy se codeaba con la gente, no era el político de discursos de tribuna, ni de barricada, hablaba tú a tú con la gente, porque el era de esa gente, un hombre de trabajo, que se labró  un camino político a puro pulso.

Ocupó deferentes funciones públicas, fue víctimas de las intrigas, de los chismes y decires políticos, pero nada de eso lo amilano en su meta de superación y logros de objetivos políticas.

Viéndolo en su lecho de muerte, pensé, me vino lo fugaz de esta existencia, de que es necesario que los políticos y la gente, vea las relaciones humanas, la parta humana de la política.

Tenemos que salir de la politiquería, del interés de destruir, del partidarismo absurdo, del odio que nos impregnan por interés individual, valorar al político que con sus acciones desde la función pública buscan el bien común, que privilegian el bienestar de la ciudadanía por encima de los intereses grupales y políticos.

Monchy fue un amigo fiel del exalcalde Gilberto Serulle. Gilberto ha estado compungido con la muerte súbita de su amigo, ambos impulsaban políticas con rostro humano, sensible e incluyente, pasar de los discursos de condena a la pobreza a hechos concretos para combatirla.

Gilberto Serulle, como humano ha podido cometer errores en su vida y ejercicio político, pero ha demostrado que busca el interés colectivo y el bien común, el, al igual que Monchy Rodríguez, apuesta a esa meta de vida.

Monchy Rodríguez apostaba a ello, su aspiración para gobernar tenía su sustento en un profundo interés por dotar a nuestra gente de condiciones dignas y en un compromiso real de servicio.

Viendo a Gilberto en el velatorio de su amigo Monchy Rodríguez pensé en la necesidad de que salgamos del juego de judicialización de la política. Ellos nos han enseñado que el poder debe servir para mejorar las condiciones en las que viven los más necesitados.

El apoyo mutuo que se prestaron unos a otros se hizo evidentes en múltiples escenarios.

Entre ellos prevaleció la perseverancia del testimonio…

A veces es difícil demostrar que el problema social, económico es de todas y de todos, que además tienen razones morales y de falta conciencia.

Monchy deja el reclamo de la unidad política en la agenda municipal y nacional.

En la política se invade la privacidad y se intenta desvelarlo todo, desde los grandes escándalos hasta los manejos menores, se muestran imperdonable.

Ponen a todos los políticos al mismo nivel y la política la sitúan en una actividad abominada por la sociedad.

Hemos llegado a la judicialización de la política. La justicia ha pasado a ser una tercera instancia del juego democrático, ella misma se politice y se involucra en los conflictos y enfrentamientos políticos.

Gilberto Serulle debe entender eso…

Estamos en el subdesarrollo político.

No hay desencuentro entra la política y la justicia…

Por politiquería, por envidia, por argucia, Gilberto Serulle que se prepare a ser un superviviente de procesos judiciales…

Ese fenómeno de la judicialización de la política es un factor nuevo en el funcionamiento de los poderes y muestra la politización de la justicia, los jueces se vuelven actores capaces de decidir el rumbo de la política y pasan asimismo a ser objeto de sospechas de parcialidad, ya que nadie es inmune al ambiente ni a las conclusiones que se forman en una sociedad transparente.

En los albores de la democracia representativa, los ingleses decían que, sin la justicia, la democracia sería imposible, puesto que funcionaba como poder moderador, asegurando el cumplimiento de las leyes. Ahora que puede convertirse en una instancia más de la pugna política, ¿qué modelo va a imponerse? Es necesario un nuevo Montesquieu.

Pero nos atrapa la ilusión del poder…

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