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Ángel Rondón recibió RD$1,000 millones y US$2 millones en sus acciones delictivas con Odebrecht, reitera Procuraduría

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El Ministerio Público reafirmó este jueves que Ángel Rondón Rijo, principal imputado del caso de los US$92 millones en sobornos pagados por Odebrecht, recibió casi 1,000 millones de pesos y más de dos millones de dólares, producto de sus acciones delictivas cometidas en perjuicio del Estado dominicano.

En la continuación del juicio de fondo en el Primer Tribunal Colegiado del Distrito Nacional, los miembros del órgano acusador explicaron que entre los años de 2002 y 2017, como persona física, el imputado percibió a título personal RD$983,682,226.57 y US$2,690.155.73.

“Para acumular, mover todo ese dinero y darle apariencia de legalidad a los recursos económicos amasados, diseñó un circuito de lavado de activos donde fueron utilizadas una serie de sociedades comerciales, que le sirvieron de plataforma para adquirir cuentas y otros productos bancarios en los cuales se colocaron millonarias sumas de dinero que provenían de los actos ilícitos cometidos”, agregaron los miembros del Ministerio Público en la continuación del juicio.

Indicaron que esos recursos fueron estratificados, a través de su inversión en la adquisición de una diversidad de posesiones, bienes muebles e inmuebles, donde sobresalen los millonarios activos, los proyectos inmobiliarios, así como compra de villas de veraneo y yates.

“Con la finalidad de realizar la recepción de los fondos y lavar el dinero producto de sus actuaciones ilícitas para Odebrecht en diversos países, el imputado Ángel Rondón Rijo constituyó un entramado societario para otorgar legitimidad al dinero recibido por la Constructora Norberto Odebrecht”, reiteraron.

Indicaron que la red societaria desarrollada por Rondón Rijo para sobornar y lavar activos comprende más de 30 empresas en el país y en el extranjero, las cuales utilizó para introducir los recursos ilícitos al sistema financiero y posteriormente integrarlos en el mercado nacional.

En ese sentido, señalaron entre esas empresas a Consultores y Contratistas Conamsa, S.R.L.; Arma S.A.; Hacienda Los Ángeles, S.R.L.; Agente de Cambio Los Ángeles, S.A.; Agrac Dominicana, S.A.; Agroindustrial Los Ángeles, S.R.L.; Construcciones y Pavimentos Adanronar S.A.; Constructora y Transporte AA, S.R.L. y Roymar S.R.L.. También, Lácteos La Hacienda, S.R.L. y Radio Noticias del Caribe, S.R.L., entre otras.

Asimismo, explicaron que pudieron identificar como parte de su circuito societario para el lavado de activos y soborno, empresas de origen panameño, entre las que citaron a Sky River Trading, Inc.; Adeline Group Corporation, Lashan Corp., Manestle Corporation y Halmar Asociados.

El Ministerio Público acusa a Ángel Rondón Rijo de incurrir en lavado de activos al recibir, transferir, ocultar y encubrir el dinero producto de los actos ilícitos constitutivos de soborno y otros delitos.

El titular de la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa (Pepca), procurador adjunto Wilson Camacho, representa al Ministerio Público en el juicio junto a los fiscales Mirna Ortiz, Milcíades Guzmán, Isis de la Cruz, Joel López, Wagner Cubilete y José Miguel Marmolejos Vallejo, así como por los fiscalizadores Elizabeth Paredes Ramírez y Ernesto Guzmán Alberto.

Además de Rondón Rijo, por los US$92 millones que la empresa Odebrecht admitió que pagó en el país para lograr la adjudicación de obras públicas, también son procesados Víctor Díaz Rúa, Conrado Pittaluga, Andrés Bautista García, Tommy Galán Grullón y Roberto Rodríguez.

Las juezas Esmirna Gisselle Méndez, Tania Yunes y Jissel Naranjo ordenaron un receso para continuar a las 2:30 de la tarde con la lectura de la acusación contra el imputado Víctor Díaz Rúa.

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Desde New York

Detective Ángel Martínez nuevo millonario Hollywood llevará libro al cine

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A la pantalla grande libro de detective Ángel Martínez, contrato millonario en Hollywood. Miami, EEUU. –
El libro “¿Quién me robó mi identidad?” del detective y escritor Ángel Martínez, de origen dominicano, se llevará al cine.
En Hollywood han adquirido los derechos del libro de Ángel Martínez y desarrollarán y producirá una película que tienen previsto adaptar, según datos aportados a este medio.
Para la adaptación del libro al cine, adquirir los derechos para el filme, Ángel Martínez firmará un contrato de más de nueve millones de dólares.
La industria del cine se nutre constantemente de la literatura, o bien para adaptar a la gran pantalla obras literarias que han llegado al corazón de mucha gente, o para darle una vuelta a esas historias y generar películas que incluso pueden llegar a superar al original.
El libro publicado por Ángel Martínez cuenta la historia de un robo de banco usando identidad robada.
El libro demuestra un caso real ocurrido hace 14 años y que hoy sigue relevante, y que, con los avances tecnológicos, las complejidades del robo de identidad se han multiplicado.
Es un relato que describe hechos reales y como los delincuentes pueden apropiarse de nuestra identidad y que además también proporciona información para protegernos contra este creciente peligro que asecha a todos.
El detective Ángel Martínez fue contratado por Bank of America para la investigación del Robo de la sucursal de Bank of America en Coral Gables, Miami que fue incluso amenazado por explosivos en el 2010.
Fue un audaz robo de banco ocurrido un lunes antes de las 10 a.m., un hombre entró en la sucursal localizada en el 1500 S. Dixie Highway y tenía «lo que parecía un arma de fuego debajo de , Miami la camisa’.
Eso dijo en ese entonces Janette Frevola, portavoz de la policía de Coral Gables, Miami.
El hombre le entregó una nota a una cajera y se fue con una cantidad de dinero que no se especificó. Un guardia de seguridad estaba en el banco en el momento del atraco, pero la cajera no lo alertó hasta después del robo.
Luego de lo ocurrido, el banco cerró. Se dijo que se cree que el ladrón es un hombre de unos 25 años que vestía una gorra de color claro y una camiseta de color púrpura con un animal pintado, dijo el FBI que también acudió a la sucursal de Bank of America en Coral Gables, Miami.
El detective Ángel Martínez al entrar en la investigación privada del caso descubre que el robo de la sucursal de Bank of America en Coral Gables, Miami fue realizado con robo de identidad, y advierte que en un mundo cada vez mas interconectado, la identidad personal se ha convertido en uno de los bienes más valiosos y, al mismo tiempo vulnerable.
Ángel Martínez es un investigador y escritor dominicano radicado en Miami, EEUU que ha publicado decenas de libro sobre el narcotráfico y el crimen organizado, trabajado en investigaciones encubierta para la CIA, FBI, DEA y ADUANA de Estados Unidos.

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«Analizando la cultura del descarte»

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Por Lisandro Prieto Femenía

«No puedes controlar a tu propia gente por la fuerza,

pero puedes distraerlos con el consumismo»

Noam Chomsky

Hace unos cuantos años el Papa Francisco realizó en su encíclica “Laudato Si” (2015) una denuncia que en su momento sonó poderosa y se fue diluyendo, como todo en este mundo líquido: criticó una sociedad que trata a las personas y a los recursos naturales como objetos desechables, promoviendo de esta manera un estilo de vida basado en el derroche y la falta de respeto por la dignidad humana y el ambiente. Esa reflexión nos invitó a profundizar en el concepto del derroche y su relación con una vida estrictamente inauténtica, que hoy volveremos a discutir con ustedes.

La frase o término mismo de “cultura del descarte” fue popularizado por el Papa Francisco para describir una realidad durísima pero, paradójicamente, abrazada y naturalizada por todos nosotros, a saber, tratamos a las personas, a los animales y a nuestro ambiente como basura luego de haberlos usado, disfrutado, consumido, como si fueran cosas reemplazables al dejar de ser “útiles”. ¿Suena duro verdad? Más dura es la realidad, en tanto que se ha instalado como “normal” la sistematización de la marginación de personas, multiplicando día a día la cantidad de pobres y desesperados que, por más que los neguemos y no los miremos, comparten mundo con todos nosotros.

El consumo desproporcionado y el derroche, en este contexto, puede entenderse como una manifestación de una vida carente de autenticidad puesto que carece de un sentido profundo y significativo más allá de la patética visión de felicidad mediante la adquisición de bienes y servicios. Evidentemente tenemos que meter a Heidegger aquí justamente porque para él la autenticidad se logra cuando uno vive de acuerdo con su propio ser y no simplemente conforme a las expectativas y normas impuestas por una sociedad enferma. Visto así, el derroche se traduce en sintonía con un síntoma de una vida alienada del propio ser, o sea, que ha reemplazado su interés por existir por el interés a tener, gastar, acumular, lucir y demostrar. ¿Patético no?

En su obra “La pregunta por la técnica” (1954), Heidegger analizó cómo la tecnología moderna no solo transforma nuestra relación con el mundo, sino con nuestra comprensión del ser mismo al aseverar que «la esencia de la técnica no es nada técnico. La técnica es una manera de revelar, es decir, de traer a la luz y hacer que se manifieste aquello que, en sí mismo, no es manifiesto» (Heidegger, «Die Frage nach der Technik», 1954). La tecnología es mucho más que un conjunto de herramientas y procesos puesto que tiene un impacto más profundo en nuestra forma de comprender nuestra existencia ya que es un modo de revelación que transforma la percepción del ser y el mundo circundante. El peligro que visualizaba Heidegger, hace setenta y cinco años, sobre la técnica es que nos conduzca a una visión del mundo como recurso disponible para la explotación y el dominio del ser humano mediante un enfoque instrumental que puede reducir las cosas y las personas a meros objetos “útiles” en función de fines técnicos y económicos, en lugar de ser valorados en su propia dignidad y singularidad. El hombre como “cosa útil”…¿Les suena conocida la película?

Pensemos en algo muy básico, que todos los que tenemos más de treinta y pico de años hemos podido experimentar: ¿Acaso en nuestra niñez no era sorprendente que los artefactos del hogar duraran más tiempo? ¿No era común que casi todo lo que se rompía se reparaba? Aún más, ¿no notan Uds. que las cosas duran cada vez menos tiempo y son cada vez más ordinarias? Ni hablar de la época de nuestros abuelos en la que se utilizaban utensilios de uso reiterado, como las jeringas de vidrio, las botellas del mismo material para la leche y la inexistencia del plástico para envolver cualquier producto alimenticio, entre tantos otros. ¿No era acaso ese mundo mucho más saludable, a pesar de haber contado con muchísimos menos desarrollos científicos y tecnológicos? No lo sé, lo que sí puedo afirmar es que pasamos de vivir con cosas a vivir para las cosas. Prueba cabal de ello lo podemos experimentar cuando nos olvidamos nuestro teléfono celular al salir de casa y sentimos, literalmente, que nos falta algo tan vital como un brazo o una pierna, pero no, es ese aparato «que nos tiene conectados».

En reiteradas ocasiones, en las que estoy seguro, amigos lectores, me habrán acompañado con su lectura, hemos descrito al consumismo como objeto de crítica por parte de numerosos filósofos y teóricos sociales. Uno de ellos, Zygmunt Bauman (1925-2017), en su libro Vida de Consumo (2007) sostuvo que la sociedad contemporánea convierte a los individuos en permanentes consumidores, situación que los lleva a construir su propia identidad mediante los bienes que se adquieren y/o desechan:

«En una sociedad de consumo, «ser» significa «ser visto como consumidor», y el consumo mismo se convierte en el sustituto de la vida» (Bauman, 2007).

No es accidental que hayamos enunciado año de nacimiento y muerte de Bauman al lado de su nombre: casi un siglo de vida (y no cualquier siglo) le mostró al filósofo polaco-británico cómo pasamos de ser carne de cañón para dos guerras mundiales y otras más, a ser cosas útiles para un sistema político y económico que requiere cada vez más consumidores golosos y obedientes que pregunten poco y repitan todo.

También el filósofo canadiense nacido en 1931 Charles Taylor, sostiene en su obra titulada “La Ética de la Autenticidad” (1991), una fuerte crítica a la superficialidad de la vida moderna y el énfasis puesto en el consumo, argumentando que la búsqueda de autenticidad ha sido completamente distorsionada en nuestra cultura posmo-tanatofílica (liviana, líquida y amante de la indiferencia ante la muerte, en criollo), llevando al extremo un enfático amor por el individualismo y el hedonismo resultando en una posterior desconexión de los valores y tradiciones que, si bien no son perfectas, al menos buscaban darle sentido a la vida:

«La ética de la autenticidad, como la entiendo, no es una ética de ‘afirmar el yo’ en el sentido en que se dice a menudo. No se trata de poner al descubierto nuestra identidad personal y luego emprender una tarea de autenticación. Más bien, es sobre la forma en que configuramos nuestras vidas, nuestras relaciones y nuestras instituciones» (Taylor, 1991).

Acercándonos cada vez más al presente, el filósofo esloveno Slavoj Žižek también nos brinda material de sobra para entender esta crítica a la sociedad contemporánea, especialmente a la noción de la cultura del descarte como un fenómeno que va más allá de la simple eliminación de objetos materiales. Žižek nos va a sugerir en “Vivir en el fin de los tiempos» (2010) que esta cultura refleja una mentalidad profundamente arraigada en el capitalismo globalizado, donde las personas y los valores son también descartados cuando ya no son de utilidad para la producción y el consumo:

«La cultura del descarte no es simplemente sobre deshacerse de cosas viejas o rotas; es sobre desechar incluso a las personas, relaciones, ideas y valores que ya no sirven a los intereses de la producción y el consumo» (Žižek, 2010).

Posteriormente, en el año 2012, Slavoj Žižek protagonizó un documental denominado «La guía perversa de la ideología», en el que analiza la ideología de la sociedad de consumo y sus efectos, teniendo como escenario de fondo un basural. Y no es casual la elección de dicha ambientación, puesto que Žižek la utiliza como metáfora visual- literalmente el gordo está en un basurero gigante- de la sociedad que crea enormes cantidades de desechos y cómo estos desechos reflejan las contradicciones y problemas inherentes al estilo de vida que llevamos actualmente. El basural no es solamente un lugar físico donde se depositan los desechos, sino un potente símbolo de cómo la ideología capitalista salvaje trata a las personas y a los objetos una vez que han perdido su valor económico:

«El basural es donde terminan no solo los productos que ya no usamos, sino también las personas que la sociedad considera ‘desechables’. Este es el lado oscuro del brillo y la promesa del capitalismo: una acumulación constante de residuos que incluye vidas humanas» (The Pervert’s Guide to Ideology, 2012).

La cultura del descarte que venimos describiendo y que, en la escena del basural se ve patente y literalmente, no sólo genera un impacto ambiental negativo, sino que también tiene profundas implicancias sociales y éticas. A pesar del olor, a pesar de que pasamos delante de las montañas de basura a diario, a pesar de ver casi cotidianamente seres humanos hurgando en ella para conseguir comer o «algo de valor», lo interesante es que todos vivimos como si ese costo oculto no existiera. ¿Por qué será? Pues bien, Žižek nos explicará que la ideología de consumo perpetúa en nosotros una ilusión de satisfacción y felicidad que se desvanece rápidamente, como lo haría cualquier droga, dejando tras de sí una estela de residuos: esta dinámica revela una contradicción básica de nuestro estilo de vida que se sustenta en la promesa de progreso y bienestar que se logra a expensas de crear una creciente masa de desechos y exclusión social:

«La verdadera catástrofe no es solo la acumulación de basura, sino la lógica subyacente que produce esta basura. El capitalismo necesita constantemente crear y descartar para sostener su ciclo de producción y consumo» (The Pervert’s Guide to Ideology, 2012).

Lo que intenté hacer aquí, querido lector, es presentar una pequeña ilustración de cómo la cultura posmoderna híper-globalizada, impulsada por la lógica del mercado y la eficiencia económica, nos ha llevado a una deshumanización criminal y alienación generalizada. Pero no basta con «ilustrar», mostrar, criticar o denunciar, no, de lo que realmente se trata pensar filosóficamente es de invitar a cuestionar y a resistir esta dinámica vital enfermiza y adictiva y sugerir enfáticamente una verdadera transformación social que requiere de una reevaluación de nuestros valores y prioridades más allá de las demandas del estúpido y sensual estilo de vida que venimos naturalizando desde hace más de cien años de manera cada vez más intensa mediante la alienación de la adquisición constante como regla básica del éxito y del triunfo de la cosificación innecesaria de seres que pudiendo pensar, prefieren comprar.

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