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Muere Sidney Poitier, actor ganador del Oscar y la primera estrella negra de Hollywood, a los 94 años

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(CNN) –– Sidney Poitier, actor ganador del Oscar y activista de los derechos civiles, murió a los 94 años, confirmó a CNN Clint Watson, secretario de Prensa del primer ministro de Bahamas.

Poitier murió en la noche del jueves, dijo Watson, citando a miembros directos de su familia en las Bahamas.

Watson dijo que el primer ministro del país, Philip Davis, dará una conferencia de prensa este viernes más tarde.

El porte elegante y los personajes de principios que interpretó hicieron de Poitier la primera estrella negra de Hollywood. De hecho, fue el primer hombre negro en ganar el premio Oscar a mejor actor en 1964, por su papel en Lilies of The Field, y el segundo en llevarse un premio de la Academia. Hattie McDaniel fue la primera con el galardón a mejor actriz de Reparto por Lo que el viento se llevó.

Cinco años antes, en 1959, también se consagró como el primer estadounidense negro en recibir una nominación al Oscar de mejor actor por la película The Defiant Ones.

Poitier superó un entorno empobrecido en las Bahamas y un marcado acento isleño para ascender a la cima de su profesión, en una época en que los papeles prominentes para los actores negros eran inusuales.

Poitier fue el primer estadounidense negro en ganar el premio Oscar a mejor actor, en 1964, por su papel en «Lilies of The Field».

Muchas de sus películas más conocidas exploraron las tensiones raciales, mientras los estadounidenses se enfrentaban a los cambios sociales provocados por el movimiento por los derechos civiles. Solo en 1967, apareció como un detective de Filadelfia luchando contra el fanatismo en la pequeña ciudad de Mississippi en In the Heat of the Night y también como un médico que se gana a los escépticos padres de su prometida blanca en Guess Who’s Coming to Dinner.

Las películas de Poitier tuvieron dificultades para distribuirse en el sur, y su elección de papeles se limitó a lo que producirían los estudios dirigidos por blancos. Los tabúes raciales, por ejemplo, lo excluían de la mayoría de las partes románticas. Pero sus papeles dignos ayudaron a las audiencias de las décadas de 1950 y 1960 a visualizar a los negros no solo como sirvientes, sino también como médicos, maestros y detectives.

Al mismo tiempo, como el único protagonista negro en el Hollywood de la década de 1960, fue objeto de un tremendo escrutinio. Con demasiada frecuencia fue aclamado como un símbolo noble de su raza y soportó las críticas de algunos negros que decían que los había traicionado al complacer a los blancos.

Sidney Poitier, junto a Rod Steiger, en una escena de «In the Heat of the Night» de 1967.

«Ha sido una responsabilidad enorme», le dijo Poitier a Oprah Winfrey en 2000. «Y lo acepté, y viví de una manera que mostraba cómo respetaba esa responsabilidad. Tenía que hacerlo. Para que otros vinieran detrás de mí, había ciertas cosas que tenía que hacer».

En 2001, ganó el premio Grammy al mejor álbum hablado por «The Measure Of A Man». Y un año después se llevó un premio de la Academia honorario «en reconocimiento a sus notable logros como artista y como ser humano».

Luego, en 2009, el entonces presidente Barack Obama le concede la Medalla Presidencial de Libertad.

La vida de Sidney Poitier más allá del cine

Creció en Isla del Gato en las Bahamas. Posteriormente, la familia se mudó a Nassau, pero sus padres lo enviaron a vivir con parientes en Miami a los 14 años. Después de un encuentro con el Ku Klux Klan, salió de Miami a los 16 años y se mudó a Nueva York.

Tras mentir sobre su edad, se unió al Ejército a los 16 años. Fingió que sufría de locura para obtener el alta después de nueve meses, y luego admitió en engaño en su libro «The Measure of a Man: A Spiritual Autobiography.»

Un fuerte acento de las Bahamas y una capacidad de lectura limitada le costaron un trabajo como actor en el American Negro Theatre de Harlem. Superó el acento imitando a los locutores de radio y mejoró sus habilidades de lectura estudiando periódicos.

Tenía doble ciudadanía en los Estados Unidos y las Bahamas.

De hecho, Poitier fue embajador de Bahamas en Japón entre 1997 y 2007.

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MIguel Vargas conmemora 83 aniversario del PRD con llamado a trabajo arduo para país enfrentar desafíos

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Santo Domingo.- El presidente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), ingeniero Miguel Vargas Maldonado, exhortó a los dominicanos a trabajar intensamente para superar los retos, desafíos y oportunidades que presenta este 2022.

Al pronunciar las palabras centrales en el acto de conmemoración del 83 aniversario de la fundación del PRD, Vargas Maldonado resaltó que la organización que dirige siempre ha estado del lado de los mejores intereses de la nación y al servicio de la gente.

También sostuvo que el PRD “tiene en su haber importantes conquistas políticas, sociales y económicas para nuestro pueblo”.

Vargas explicó que el PRD ha construido las mejores oportunidades de progreso, bienestar e inclusión social para el país.

“Nuestra bandera blanca ha recorrido cada rincón del territorio nacional llevando nuestro mensaje de un futuro mejor para las futuras generaciones”, prosiguió.

“Este mes de enero se conjugan tres importantes conmemoraciones en la historia de nuestro pueblo, que simbolizan nuestra fe en Dios, el amor por la patria y el compromiso de todos con la libertad y la democracia”, resaltó.

“Me refiero a la conmemoración del Día de la Altagracia, que en este 21 de enero se inicia el centenario de su consagración como madre protectora del pueblo dominicano y al natalicio de nuestro Padre fundador, Juan Pablo Duarte el día 26. Estas dos fechas, además de recordarlas con regocijo, nos estimulan a honrarlas trabajando con ahínco y dedicación para salir adelante ante los retos, desafíos y oportunidades que presenta a los dominicanos este 2022”, prosiguió.

El otro gran acontecimiento histórico que Vargas Maldonado citó es el 83 aniversario de la fundación del PRD en el año de 1939, en memoria del cual realizaron una ofrenda floral en la Casa Nacional del partido.

“Juan Bosch, Ángel Miolán, Cotubanamá Henríquez, Juan Isidro Jiménez Grullón, entre otros dominicanos ilustres, fundaron en La Habana, Cuba, a nuestro partido, cuna de la democracia y vientre en el que se forjó el más grande líder popular de la República Dominicana: José Francisco Peña Gómez”, agregó.

“La llama del jacho brilla y permanece con gran esplendor en el corazón del pueblo dominicano, con la convicción de que es posible una República Dominicana próspera y justa en la que sea primero la gente”, puntualizó Vargas tras felicitar a toda la familia del PRD.

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Folklorismo y política

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REFLEXIONES ATREVIDAS #5

Por José Francisco Peña Guaba

 

En esta entrega vamos a hacer referencia al término de folklore, que se conoce como la disciplina que estudia el conjunto de creencias, prácticas y costumbres que son tradicionales de un pueblo, o manifestaciones culturales asociadas a los bailes, la música, las leyendas, los cuentos, las artesanías y supersticiones propias de una cultura autóctona, tradiciones compartidas en nuestra población que se transmite con el paso del tiempo de generación en generación, y que se presenta de manera destacada en nuestra álgida actividad política.

 

Somos los dominicanos, verdaderos adictos a la política, la tenemos en nuestros genes y la vivimos con pasión inusitada, siempre hemos sido así, de un ADN difícil de cambiar, cuyo interés solo es comparable a la adhesión febril, a los clubes de pelota, a los cuales se siguen ciegamente, claro está, con mayor nivel de fidelidad que el que se manifiesta hoy en la política electoral nuestra, porque nuestros ciudadanos se cambian más fácilmente de partidos y no de fanatismo beisbolero.

 

La política nos corre por las venas, y aunque existe hoy cierta apatía de la juventud hacia ella, el murmullo digital es parte consustancial de la diaria virtualidad ciudadana, o sea todo el mundo de un modo u otro opina sobre política y de los políticos, la más de las veces en una crítica sórdida muy bien ganada por los que se dedican a este ingrato, pero desprestigiado oficio.

 

Pero en nuestro folklore nacional, la política está presente como lo ha estado por siglos, en los bailes desde los merengues alegóricos de inicio de la República hasta aquellos que exaltaban la grandeza del trujillato, o de aquel perico ripiao’ que en alegría cadenciosa demuestra la versatilidad cibaeña, o la bachata del ayer, raíz melodiosa de los de abajo, que a modo de venganza han cautivado hoy a los de arriba, aquí y en una gran parte del mundo.

 

Aunque no son propios de nuestra tierra el son y la salsa, son ritmos que siguen siendo de una herencia caribeña, que bien sabemos disfrutar y que hemos logrado apuntalar en el corazón de nuestros barrios.

 

En rítmico acento y al compás de la güira, la tambora y el acordeón, le ponemos nota a la alegría contagiosa de ciudadanos que se resisten, pese a los múltiples problemas del hoy a ser tristes, buscando cualquier vaga justificación para sonreírle a la vida, a pesar de las situaciones que a diario nos acogotan.

 

Somos los dominicanos amantes a los cuentos, a contarlos más, sabemos que no vivimos del cuento, pero todavía enlas tradicionales peñas damos rienda suelta a la fantasía, rememorando leyendas que nos acompañan como parte del imaginario popular que le da vida todavía a la ciguapa, a los temibles chupa cabras, al atemorizante cuco, al singular “mal de ojos” y al poderoso “bacá”, acompañante fiel que ha protegido y suplido los apremios económicos a más de uno de los que nos han gobernado.

 

Somos los dominicanos supersticiosos hasta más no poder, por eso todavía hablamos de la caída de la banda presidencial en el Congreso, de los rezos para que el Señor nos tome en cuenta, de los ensalmos que nos protegen de las malos espíritus, y de los conjuros para los que creen en la magia o el hechizo de invocar divinidades a los fines de salvaguardar vidas y bienes.

Aferrados a nuestras tradiciones nos siguen poniendo al nacer azabaches para evitar las miradas maliciosas y envidiosas de vecinos, ponemos aún las escobas invertidas detrás de las puertas, y siempre tenemos sal para ahuyentar e inmovilizar a cualquier brujería doméstica que suelen lanzar los desafectos a nuestra presencia.

 

Casi todos los principales hombres públicos tienen sus “asesores espirituales”, raíces de costumbres que nos persiguen y nos obligan a creer que hay que protegerse de los malos espectros, porque el que no se cura de espanto, le da el pecho desguarecido a cualquier anima lanzada para enturbiarnos el camino.

 

La buena suerte o la providencia juega en contra de unos y a favor de otros, el destino tira sus cartas, dándole larga vida a los que paciencia tuvieron, y acortándole la existencia a los que vivieron de manera tórrida, mientras todo tipo de mito o fabula se ha construido en el tiempo, sobre aquellos que dejaron interrogantes acerca de su proceder en el interregno del tiempo en que les tocó estar en esta tierra de hombres y mujeres propios de sus épocas, la más veces llenos de bonhomía que de malas acciones, porque este nuestro pueblo en su amplia mayoría esta repletos de gente nobles.

 

Es posible que se siga buscando la suerte de aquel que está signado a ponerse en su pecho la banda tricolor, unos así lo quieren, otros lo descifran como por prestidigitación, y lo buscan en las cartas o en la mancha del café dejado en una taza, pero todos queremos saber quién será el suertudo para apostar a lo seguro, y de manera oportuna ir tras de su entorno para entrar con el equipo que se hará inquilino de la mansión de Gazcue.

 

No hay nadie que aspire que no busque su resguardo y que rechace tener desde San Juan quien le proteja y le limpie el camino hacia la silla de alfileres, por eso es que la política del poder tiene un secretismo mágico que acompaña a los bienaventurados que logran llegar a la cima.

 

Por cada 100 que han aspirado tal vez uno ha llegado, porque una dosis de suerte y protección cuasidivina acompaña a los semidioses del Olimpo, que logran ganarle la carrera a la desventura, por eso es que el folklore es parte primordial de los sinsabores de esta política vernácula nuestra, a donde los mejores no siempre le ha sonreído la fortuna, y los dichosos no siempre son de los buenos, pero esa es la historia mística de nuestro pueblo que ni los vientos de cambio harán cambiar, cosa que ni el sincretismo cultural que produjo el mestizaje y la transculturación iberoamericana ha logrado transformar ni con el paso inexorable de los años.

 

Somos así de alegres, brujeros y bulliciosos, pero vivimos ‘juchos’ para no caer en ganchos, siendo simpáticos para lograr la gracia o el favor de no importa quién sea que llegue al Palacio.

 

Es la política la actividad más febril del ciudadano común, que busca en ella cambiar su suerte, con más ahínco que los sueños que le hacen jugar descifrando los números de la lotería, somos un pueblo donde el folklorismo se mezcla con la política para crear el mayor de los anhelos de los que habitamos esta media isla, ¡¡¡el poder llegar al poder!!!

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