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La crónica del odio: El conflicto dominico-haitiano

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REFLEXIONES EN EL CAMBIO #102

Por: José Francisco Peña Guaba

Tratar de ser objetivo con el tema de las relaciones de nuestro país con el vecino Haití es un quebradero de cabeza, porque razonarlo desde una óptica imparcial es tarea difícil, sin que se nos endilgue criterios de racismo y xenofobia, del que nos acusa una parte de la comunidad internacional a los dominicanos.

Hace 200 años que nos separamos de la madre patria, dejamos de ser colonia española pero, 329 años de tutelaje nos definieron como nación, asumimos lengua, costumbres y en gran parte la idiosincrasia de nuestros colonizadores, no pudieron 22 años de dominio haitiano cambiar en modo alguno las profundas raíces que los españoles dejaron en nuestro pueblo, el cual asomaba intrépidamente como nación.

Aunque nos liberamos del yugo haitiano en el 1844, no fue hasta el 1856 que cesaron todas las acciones del vecino país en tratar de recuperar el control de esta parte de la isla La Hispaniola, esos 22 años de intervención y los doce de escaramuzas militares haitianas, forjaron un sentimiento nacional antihaitiano, que siendo sincero persiste hasta hoy, porque las diferencias étnicas, religiosas, idiosincráticas e idiomáticas no nos han permitido eliminar, aunque tenemos que aceptar que se han reducido sustancialmente los niveles de conflictividad del pasado.

Los 3 graves problemas del Haití de hoy son: pobreza y desastres, inseguridad creciente e inestabilidad política, esta suma de preocupante situaciones hacen de la nación más pobre de América tierra de nadie, porque las bandas armadas controlan el 80% del territorio, el gobierno producto de la falta de consenso de la clase política es sumamente débil, y los efectos devastadores de los desastres naturales agravaron el dramático nivel de vida de la mayoría absoluta de la población, cuya desesperación se ha apoderado de todo un país que no encuentra salida verdadera a sus acuciantes y crecientes problemas.

La comunidad internacional se ha hecho de la vista gorda y le han dejado a nuestra nación las penosas dificultades por la que atraviesan los habitantes de nuestros vecino país, los Dominicanos por mucho tiempo hemos permitido una invasión silente y constante de los nacionales con lo que compartimos esta tierra insular pero, pese a la voluntad de colaboración y el gran crecimiento económico de la República Dominicana no es imposible cargar con la situación gravosa de millones de ciudadanos que desesperados cruzan a esta parte de la isla en busca de lograr subsistir, nuestro pueblo es noble pero por nada del mundo desea perder los conceptos propios de la dominicanidad, la suma de los motivos que nos hacen ser dominicanos.

Desconocer el aporte de los haitianos al desarrollo y al florecimiento económico de nuestro país sería innoble, porque reconocemos que la mano de obra haitiana está detrás de nuestro progreso como país pero, nuestra capacidad de colaborar es limitada, porque nuestra sociedad tiene también sus propias situaciones con importantes franjas de habitantes que permanecen aún en niveles de pobreza extrema e indigencia a las cuales tenemos que auxiliar. FRANCIA, EUA, CANADÁ, naciones que de una forma u otra apadrinan a nuestros contiguos moradores no pueden creer que una pequeña República como la nuestra puede cargar con otra de igual o mayor población, y con una situación más asfixiante que la nuestra.

Estamos obligados a una política de coexistencia pacífica, porque estaremos compartiendo por siempre una misma isla, no es correcto azuzar a los ultranacionalistas que desean que saquemos de nuestro territorio a todos los haitianos, somos una nación de emigrantes, tenemos a millones de nuestros nacionales viviendo en otras tierras, y para ellos reclamamos derechos, mal haríamos con no tener un comportamiento humano y así lo hemos hecho, lo que es imposible pedirle a un pueblo que permita una invasión permanente de los vecinos hasta una cantidad que ponga en riesgo nuestros empleos, nuestra seguridad y nuestra integridad territorial.

Los últimos acontecimientos en Haití demuestran que estamos ante un Estado fallido o narcoestado, donde no existen respeto alguno a las instituciones, al agravarse la situación haitiana nos obligan a tomar medidas de excepción, que el gobierno en nombre del pueblo se ha visto en el deber de asumir para evitar males mayores, las acciones que está tomando el presidente Abinader gozan del respaldo de los partidos políticos y de la inmensa mayoría de la ciudadanía

Evitando caer en excesos, el gobierno tomara cuantas medidas sean necesarias para garantizar la paz y el respeto a nuestro territorio, no nos dejan otro camino las bandas armadas que controlan a nuestros vecinos, aunque con diferencias marcadas el pueblo dominicano ha mostrado el nivel de bonhomía de sus ciudadanos, solo hay que recordar la asistencia abundante, efectiva y oportuna que se envió a raíz del terremoto que desoló a esa pobre nación.

Unidos como un solo hombre, los dominicanos debemos de convocar a la comunidad internacional para que asista a esta desventurada patria, es una vergüenza internacional no hacerlo, nosotros estamos comprometidos en colaborar a que esto se haga realidad, lo que no es posible bajo ninguna circunstancia es que un país también pobre como el nuestro se haga cargo de otro, reconocemos que podemos dar trabajo a una buena cantidad de haitianos en aquellas actividades laborales donde se necesita, así se hace cada día y de la manera más democrática porque son muchos los sectores donde se ha desplazado la mano de obra nacional por la de los vecinos.

De manera patriótica, humana y objetiva apoyaremos todas las medidas para salvaguardar la nación en estos momentos difíciles en que nos llama, lo que sí estoy seguro, es que los haitianos son víctimas y no victimarios, porque ellos también sufren más que nadie todas las calamidades que le azotan, con solidaridad pero, con precaución tenemos que actuar, ya que cualquier exceso sería despertar el recelo internacional en contra nuestra pero, no actuar no es opción, porque Haití hoy tiene una de las peores crisis de toda su historia, nosotros debemos evitar que las consecuencias y los efectos de las mismas afecten a nuestra sociedad, por lo que cada dominicano debe ponerse al servicio de la patria y por encima de las diferencias políticas o electorales hacer causa común para este tema con el gobierno nacional que encabeza el presidente Luis Abinader, “cuando la patria nos llama, a la patria no se le pone condiciones”.

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Un gobierno en picada, hay mucho disgusto en la sociedad…

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Por Fernando Peña

El descontento cada vez mas creciente contra el Gobierno revelan una situación de precariedad económica, de los servicios y la delincuencia en auge de la mayor parte de la población, el descontento social parece que van más lejos.

El subsidio para las personas más pobres no llega como ante, en medio de que todo ha aumentado menos los sueldos de los trabajadores y se incrementa el desempleo y la desesperanza nacional.

Funcionarios arrogantes, desconectado de la gente, algunos resolviendo sus problemas y construyéndose casas millonarias de veraneos.

El suministro de energía eléctrica en picada, se incrementan los apagones que eran cosas del pasado.

La gente no cree en echarle la culpa a la crisis del COVID 19 ni la guerra, la gente quieres medidas efectivas y que el Gobierno se quite el manto de gobernar para los ricos, los empresarios y sociedad civil.

Este descontento social puede generar protestas en todo el país pidiendo medidas reales al gobierno que solucionen esta crisis que lo lacera todo.

La pobreza y hambre, el desempleo, el alto costo de la vida, la delincuencia en el último año es alarmantes, no hay que ser un experto economista para así observarlo.

El pueblo está en una situación de vulnerabilidad económica.

La gente siente antes de cumplir dos años de cambio de gobierno, que el cambio no le favoreció.

El aumento de los precios de los precios de la canasta familiar ha sido fatal, no se sienten las ayudas del Estado, del gobierno, la gente no tiene forma de mitigar los impactos de la pandemia y de la guerra.

La gente siente que se empobrece más y más, las medidas no llegan a favor los que depende exclusivamente de su salario, que se deteriora continuamente.

Aquí se está llegando a un nivel donde la gente siente que no tiene futuro.

La gota puede rebasar el vaso.

Parece que el gobierno, el presidente Luis Abinader no ve que hay una desesperación total, la rabia y la indignación puede provocar que la gente deje de quejarse por redes sociales y salga a la calle, para hacerse escuchar y ver si pueden cambiar algo. Y esa mezcla es altamente explosiva.

Hay mucho disgusto en la sociedad…

El gobierno debe tomar medidas que por lo menos calmen la situación y que la batalla política por el futuro del país se lleve a cabo en las elecciones de 2024.

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Desde Nueva York

Nueva York eleva a “alto” el nivel alerta de covid-19 por contagios

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Nueva York.- Las autoridades de Nueva York elevaron este martes a la categoría de “alto” el nivel de alerta de covid-19, justo un día después de pedir a la población que vuelva a usar mascarilla en todos los lugares interiores públicos.

“El nivel de alerta de covid-19 en la ciudad de Nueva York ahora es alto. Hay una alta propagación comunitaria de covid-19 y la presión sobre el sistema de atención médica está aumentando”, anunció el Departamento de Salud de la urbe en un breve comunicado.

El comisionado de Salud, Ashwin Vasan, por su parte, aseguró que es el momento de “redoblar las medidas que nos protejan a nosotros mismos y a los demás».

El Ayuntamiento anunció ayer que se repartirán millones de pruebas caseras para tratar de contener el repunte de los casos de covid-19 que se está registrando en la ciudad.

El nivel alto de alerta se declara cuando se superan ciertos niveles de hospitalización y se alcanza cierta proporción de camas ocupadas por pacientes con covid-19.

El Departamento de Salud recomienda vacunarse a quienes todavía no lo hayan hecho, ponerse la mascarilla en interiores de lugares públicos y en zonas exteriores abarrotadas de gente y limitar el número de personas en las reuniones.

Además, recomienda a los neoyorquinos quedarse en casa si están enfermos o si han estado expuestos a la enfermedad.

“Volver a un nivel de riesgo bajo depende de que todos hagan su parte y, si seguimos las recomendaciones, nuestros pronósticos anticipan que el pico de esta ola no durará mucho. Lo que hagamos ahora puede marcar la diferencia”, subrayó Vasan.

Este mes, los casos en la ciudad han vuelto a subir con fuerza, hasta alcanzar los 48 por cada 100.000 habitantes en siete días, según los últimos datos oficiales, que también muestran un claro aumento de los ingresos hospitalarios (2.497 hace dos días).

Nueva York fue al inicio de la pandemia uno de los epicentros mundiales de la covid-19 y la ciudad acumula ya más de 40.000 muertes por la enfermedad, según datos oficiales.

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