Traición y ambición Traición y ambición
  Por Fernando Peña La traición y la ambición se complementan, convierten al hombre en el más despreciables. Vivimos tiempos deplorables. Se han extraviado... Traición y ambición

 

Por Fernando Peña

La traición y la ambición se complementan, convierten al hombre en el más despreciables.

Vivimos tiempos deplorables. Se han extraviado los valores morales y se torna difícil su rescate.

Los estamos viendo en todos los partidos políticos. Leonel Fernández en estos tiempos ha sido la expresión máxima de ello.

En el PRD, desde su división ha cobrado fuerza esa actitud. La cúpula tiene culpa por creer en comerciantes, que como diría alguien no tiene patria, solo intereses.

Miguel Vargas como nuevo líder del PRD, ha tenido que soportar la actitud desleal de los desagradecidos, que hoy se olvidan de los favores recibidos.

El desleal irrespeta sus principios y obra en función de sus intereses. Ayer perteneció al x, hoy a z, mañana, ¿quién sabe adónde irá?

Son presa de sus ambiciones, donde quiera que vayan le hará falta firmeza ideológica, amplia cultura, contribuir a la solución de los problemas de las mayorías, promover ideas y no ofensas, obrar por la justicia social, la paz y la democracia.

No se llevan a nadie, solo su egoísmo, ambición y traición…

Vale recordar en estos momentos a Joseph Fouché. La historia le aporta algunos calificativos, como ser traidor nato, miserable intrigante, puro reptil, tránsfuga profesional, vil alma de corchete, deplorable inmoralista…

Todo el que camine dentro del circuito de la política sabe de qué o a quienes va este artículo.

Dentro de la política, la traición encuentra espacio en todos los escenarios posibles. No importa que uno esté en primera o última fila, que sea director de orquesta o el chico de los recados, la traición como bien decía Maquiavelo en El Príncipe en su capítulo dedicado a la diosa Fortuna «se desarrolla bajo la mirada de una diosa caprichosa» Y el capricho de unos pocos hacen de la política el circo de muchos.

Duele verlo asumir esa actitud, más cuando han sido los grandes beneficiados, tu compañero de partido, tus compañeros de batalla.

Aquellos por los que diste la cara incondicionalmente en mil ocasiones y hoy te la vuelven, frente a la convicción del fracaso, el interés personal y el chaqueterismo necesario e hipócrita en el que se asienta mucha de la política que nadie quiere y que todo el mundo acepta a cambio de una promesa de poder y de éxito.

Ojalá le sirva la experiencia al PRD y al nuevo líder Miguel Vargas.

FRONTERA 25

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