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La historia de por qué Estados Unidos fijó una sola reelección para sus presidentes y lo copiaron los países más democráticos

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“Pienso que soy un buen presidente. Creo que si me postulara de nuevo podría ganar”, dijo Barack Obama en julio de 2015, ante una platea de diplomáticos de la Unión Africana de Naciones que lo escuchaba atentamente en Etiopía. Ya había superado la mitad de su segundo mandato y empezaba a despedirse del poder.

“Pero no puedo. La ley es la ley, y nadie está por encima, ni siquiera el presidente”, aclaró, para dejar en claro que no tenía ningún plan para perpetuarse. “Nadie debería ser presidente de por vida. Tu país está mejor si hay sangre e ideas nuevas. Todavía soy un hombre bastante joven, pero sé que alguien con nueva energía y conocimientos será bueno para mi país”, agregó en un evidente mensaje hacia las presidencias vitalicias que hay en muchos países africanos.

Obama se fue de la Casa Blanca el 20 de enero de 2017 con la aprobación de casi el 60% de los estadounidenses. La mayoría de los demócratas lo considera el mejor de los últimos mandatarios que tuvo el partido.

Una de las actividades que mantiene Obama desde que dejó el poder es la lucha contra el cambio climático. En ese contexto se reunió con la activista sueca Greta Thunberg el 16 de septiembre de 2019 (Foto de - / fuentes diversas / AFP)
Una de las actividades que mantiene Obama desde que dejó el poder es la lucha contra el cambio climático. En ese contexto se reunió con la activista sueca Greta Thunberg el 16 de septiembre de 2019 (Foto de – / fuentes diversas / AFP)

En contraposición, ninguno de sus posibles sucesores en 2016 despertaba entusiasmo. La candidata demócrata terminó siendo Hillary Clinton solo por el temor que despertaba la figura de Bernie Sanders en el ala más moderada de la fuerza. Nadie duda de que Obama habría sido mejor candidato que cualquiera de los dos.

No obstante, la sola de idea de plantear una reforma para habilitarlo a un tercer mandato habría causado una indignación generalizada en la opinión pública y en las elites estadounidenses. Obama ni siquiera influyó en la disputa entre Clinton y Sanders, pero apoyó enfáticamente a su ex secretaria de Estado cuando fue oficializada como candidata.

Tras dejar el gobierno se convirtió en un jubilado de la política. Eventualmente puede expresar su opinión sobre algún asunto y apoyar determinadas causas, pero se retiró de la disputa por el poder.

Lejos de ser la excepción, Obama es la regla en Estados Unidos. Su antecesor, George W. Bush, tuvo un perfil todavía más bajo en la última década, y si Bill Clinton tuvo mayor presencia fue por acompañar a su esposa.

George Bush rompe en llanto durante el funeral de su padre el 30 de noviembre de 2018 (Reuters)
George Bush rompe en llanto durante el funeral de su padre el 30 de noviembre de 2018 (Reuters)

Cuando la tradición es norma

La Constitución estadounidense entró en vigencia el 4 de marzo de 1789, 13 años después de la Independencia del Reino Unido. Es la constitución escrita y codificada más antigua del mundo entre las que continúan vivas.

Esa ley suprema estableció un sistema de gobierno federal y presidencialista que serviría de modelo para muchos países del mundo, especialmente en América Latina. El texto no estableció ningún límite a la reelección del presidente. Sin embargo, a diez años de su promulgación, ya empezaba a forjarse un límite de hecho.

“Los fundadores de Estados Unido no estaban seguros de incluir un límite en los mandatos. Algunos, como Alexander Hamilton, pensaron que era una mala idea porque el gobierno requeriría hombres con experiencia. En una crisis, creía, alguien experimentado sería mejor. Pero otros, como Thomas Jefferson, sostenían que los límites eran necesarios para evitar que un líder acumulara demasiado poder. A pesar de todo, decidieron permitir que el presidente se presentara de nuevo. Pero el primero, George Washington, dejó el cargo después de dos mandatos y sentó un precedente que sería seguido por los siguientes 30 mandatarios”, contó Tom Ginsburg, profesor de derecho internacional y ciencia política de la Universidad de Chicago, en diálogo con Infobae.

El ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton (C), hace un gesto al abandonar el servicio religioso para el ex presidente francés Jacques Chirac en la iglesia de Saint-Sulpice, en París, el 30 de septiembre de 2019 (Foto de Martin BUREAU / AFP)
El ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton (C), hace un gesto al abandonar el servicio religioso para el ex presidente francés Jacques Chirac en la iglesia de Saint-Sulpice, en París, el 30 de septiembre de 2019 (Foto de Martin BUREAU / AFP)

Washington, héroe de la revolución estadounidense, presidió la Convención Constituyente de 1787. Cuando surgió la discusión en torno a si fijar un máximo de reelecciones, se negó totalmente. “No veo ninguna conveniencia en descartar los servicios de ningún hombre que, en una gran emergencia, sea considerado universalmente el más capaz de servir al público”, escribió en una carta de 1788, para justificar su posición.

No obstante, sus acciones tuvieron un impacto mucho mayor al de sus palabras. Washington se convirtió el 30 de abril de 1789 en el primer presidente de Estados Unidos. Ya en 1793 había dado señales de no querer seguir en el cargo, aunque aceptó gobernar por otros cuatro años. Pero en 1797, a pesar de que probablemente nadie se hubiera atrevido a oponerse a su continuidad, optó por dejar el poder.

Un factor decisivo fue que Washington no se sentía tan bien de salud y temía la debilidad que podría sufrir su eventual vicepresidente si le tocara asumir tras su muerte. Algo que habría sucedido, ya que murió en 1799. Por eso, prefirió abrir el juego a la sucesión, y se mostró prescindente en la disputa entre los dos competidores, Jefferson y John Adams, quien resultaría ganador.

George Washington (Shutterstock)

George Washington (Shutterstock)

El “padre fundador” sentó así las bases de un sistema que se mantuvo en pie por más de un siglo. El presidente gobierna por un máximo de ocho años consecutivos y luego le cede el lugar a un nuevo mandatario, que no emerge de su dedo sino de una competencia electoral.

Washington marcó la pauta, dejando la política completamente atrás cuando terminó su gobierno, y estableciendo la norma de que la estabilidad política no depende ni debe depender de una sola persona, y de que nadie debe pensar que la ‘salud de la república’ depende de su liderazgo”, dijo a Infobae David Samuels, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Minnesota.

La norma informal fue reforzada por Jefferson, el tercer presidente de la historia, que gobernó entre 1801 y 1809. Personas de su círculo pretendían que se quede otros cuatro años en el poder, pero él se mostró convencido de que iba a ser perjudicial para el país. “Si la Constitución no fija algún tipo de terminación de los servicios del primer magistrado, o si ésta no se produce en la práctica, su gobierno se convertirá de hecho en vitalicio, y la historia demuestra lo fácil que eso degenera en una herencia”, escribió en 1807.

Thomas Jefferson (Shutterstock)

Thomas Jefferson (Shutterstock)

El límite de dos mandatos evolucionó informalmente como una norma después de Washington, probablemente el primer y último presidente no controvertido y universalmente aclamado, que estableció el estándar al irse, milagrosamente, después de dos gobiernos. No sólo eso, sino que como no tenía hijos, ni siquiera se pudo pensar en una dinastía. Eso, de hecho, estableció una regla informal que, cuando los presidentes insinuaron violarla, fue articulada”, explicó Zachary Elkins, profesor del Departamento de Gobierno de la Universidad de Texas en Austin, consultado por Infobae.

Ulysses Grant fue el primero que trató de romper la barrera de los ocho años. Llegó a la presidencia en 1869, con el lustre de haber sido el general vencedor de la Guerra Civil. Se fue a su casa en 1877, pero en vez de retirarse trató de volver en 1880. Pero su intento no fue bien visto y ni siquiera pudo ganar la nominación para ser candidato del Partido Republicano.

Theodore Roosevelt fue el segundo en intentarlo. Tras gobernar entre 1901 y 1909, se postuló para regresar a la Casa Blanca en las elecciones de 1912. Como perdió la nominación por el Partido Republicano, fundó su propio partido, el Progresista. Durante la campaña sufrió un intento de asesinato, del que sobrevivió porque la bala atravesó el estuche de acero de sus anteojos y un anotador de 50 páginas antes de alojarse en su pecho. En los comicios generales fue derrotado por paliza por el candidato demócrata, Woodrow Wilson.

El único mandatario que rompió el precedente de Washington fue Franklin Delano Roosevelt. Asumió en 1933, en medio de la peor crisis económica en la historia estadounidense y se convirtió en un líder extremadamente popular al recuperar la economía con su célebre New Deal.

Ulysses Grant (Shutterstock)

Ulysses Grant (Shutterstock)

En 1940 el Partido Demócrata debía elegir a un sucesor, pero la incertidumbre derivada de la Segunda Guerra Mundial fue la excusa perfecta para decir que había que apostar por la opción más segura. Roosevelt ganó ampliamente en 1940 y volvió imponerse en 1944. Murió al año siguiente. Si no, habría completado 16 años en el poder.

“Roosevelt se postuló para un tercer mandato y ganó, con sus partidarios argumentando que estaba gobernado por una ‘excepción de tiempos de guerra’ —dijo Ginsburg—. Después de su muerte, el Partido Republicano introdujo la 22ª enmienda para formalizar la regla. Desde entonces, nadie ha propuesto quedarse. Muchos presidentes tienen una vida enérgica después, pero tenemos una regla fuerte en contra de mantener un papel en la política activa. Obama ha sido casi invisible a los ojos del público. Pero creo que cuando Donald Trump abandone la Casa Blanca, también violará esta norma, como hizo con tantas otras”.

La 22ª enmienda constitucional fue aprobada por el Congreso en 1947 y ratificada por las asambleas legislativas de los estados en 1951. El cambio estableció que “ninguna persona será elegida para el cargo de presidente más de dos veces”. Los terceros mandatos —consecutivos o no— quedaron sepultados.

Theodore Roosevelt (Shutterstock)
Theodore Roosevelt (Shutterstock)

Parlamentarismos e hiperpresidencialismos

La limitación estricta de los mandatos que caracteriza a Estados Unidos contrasta con lo que sucede en otros países del mundo. A un estadounidense no muy informado podría sorprenderle que Angela Merkel lleve 13 años, 11 meses y 24 días como canciller de Alemania. Es más que el mandatario estadounidense que estuvo más tiempo en el poder.

Todavía más impactante es lo de Jean-Claude Juncker. Antes de ser presidente de la Comisión Europea fue primer ministro de Luxemburgo durante 18 años, 10 meses y 13 días. Si bien es cierto que en Europa hay muchos primeros ministros que duran poco tiempo en el cargo, casi todos los países tienen ejemplos recientes de liderazgos muy largos.

La causa de esta diferencia es que en los sistemas parlamentarios los mandatos no son fijos. No tienen un mínimo, pero tampoco un máximo. Si bien en todos los casos hay leyes que dictan que cada cierta cantidad de años debe renovarse la totalidad de las bancas del Parlamento, es muy habitual que las elecciones se anticipen, en función de los vaivenes de la coyuntura política.

Franklin D. Roosevelt (FDR Presidential Library & Museum)
Franklin D. Roosevelt (FDR Presidential Library & Museum)

La clave para entender por qué en estos casos no hay una preocupación por la posibilidad de que una misma persona gobierne durante tanto tiempo es que el parlamentarismo es una forma de gobierno colectiva. El poder reside en los partidos políticos que actúan en el Parlamento.

En Estados Unidos, la única forma de destituir a un presidente es a través de un juicio político. Es un proceso largo y complejo, que requiere que el jefe de Estado haya cometido un delito claro, y que dos tercios del Senado estén a favor de su salida.

En cambio, en los regímenes parlamentarios basta con que se rompa la coalición que sostiene al primer ministro, o que su partido le retire el apoyo, para que este caiga. Esa dependencia de la estructura partidaria obliga al gobernante a compartir el poder. Algo que no sucede con los presidentes, que concentran muchas atribuciones y siempre pueden jugar a gobernar prescindiendo de su partido y del Parlamento, aunque nunca sea lo ideal. Por eso, en un sistema es mucho menor que en el otro el riesgo de que se personalice la autoridad política, y de que eso desencadene en un gobierno autoritario.

La Canciller alemana Angela Merkel gesticula durante una conferencia de prensa con el Presidente del Congo en la Cancillería de Berlín, Alemania, el 15 de noviembre de 2019 (REUTERS/Fabrizio Bensch)
La Canciller alemana Angela Merkel gesticula durante una conferencia de prensa con el Presidente del Congo en la Cancillería de Berlín, Alemania, el 15 de noviembre de 2019 (REUTERS/Fabrizio Bensch)

“En los tiempos modernos, tener un límite de mandatos significa que los sistemas políticos tienen que enfatizar los partidos por encima de las personas. Un líder que quiere un legado debe construir un partido y cultivar un sucesor. Si un solo dirigente puede dominar la vida pública, otros no se presentarán para competir y eso realmente puede socavar la democracia”, sostuvo Ginsburg.

Por esta razón, la mayoría de los países que copiaron el modelo estadounidense impusieron restricciones a la reelección. En México, Uruguay, Chile, Paraguay, Perú, Colombia, Costa Rica, El Salvador y Guatemala, por ejemplo, no se admiten dos mandatos consecutivos. En Argentina y en Brasil es como en Estados Unidos, pero con la diferencia de que los ex presidentes con ocho años de gobierno pueden volver a intentarlo tras pasar cuatro años fuera del poder.

Pero también hay excepciones en el mundo. Teodoro Obiang Nguema Mbasogo es presidente de Guinea Ecuatorial desde el 3 de agosto de 1979. Como la reelección es indefinida, pasó por numerosos comicios en estas cuatro décadas. Los últimos fueron en abril de 2016, y se impuso con el 93,7% de los votos. Claro que la oposición frontal al gobierno está prohibida y, junto a las privaciones materiales, hay serias limitaciones a las libertades civiles y políticas.

El Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, asiste a una reunión del Colegio de Comisarios de la UE en Bruselas, Bélgica, el 6 de noviembre de 2019 (REUTERS/Yves Herman)
El Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, asiste a una reunión del Colegio de Comisarios de la UE en Bruselas, Bélgica, el 6 de noviembre de 2019 (REUTERS/Yves Herman)

Camerún, Uganda, Sudán, Chad, la República del Congo y Argelia son algunos de los países africanos en los que no hay restricciones para los presidentes. También hay varios ejemplos en Asia Central, como Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Tayikistán. Y en Europa está el caso de Bielorrusia, donde Aleksandr Lukashenko gobierna desde hace 25 años.

Recientemente se sumaron dos casos en América Latina. Venezuela habilitó la reelección presidencial en 2009 y Nicaragua en 2014. En Bolivia, Evo Morales la había conseguido de hecho, al extraerle un fallo al Tribunal Constitucional que calificó como violatoria de los derechos humanos la norma constitucional que le impedía volver a ser candidato a presidente por acumulación de mandatos.

“En Estados Unidos, los principales candidatos nunca pudieron dominar personalmente a sus partidos de la manera en que lo hacen los líderes de otros países —dijo Samuels—. El fuerte federalismo y la verdadera separación de poderes protegen los feudos políticos de senadores y gobernadores, normalmente precandidatos a la presidencia. Esto significa que cuando un mandatario ha gobernado sentado durante dos períodos, hay muchos políticos deseosos de empujarlo hacia ‘pastos más verdes’, por así decirlo. En contraste, las poderosas presidencias de América Latina y de África dificultan que los aspirantes creíbles protejan su poder de la invasión de un presidente en ejercicio. Esto permite a los mandatarios contemplar la posibilidad de postularse perpetuamente, ya que a menudo han debilitado a todos y cada uno de sus posibles rivales”.

El presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, asiste a la sesión plenaria del Foro de Paz de París, Francia, el 12 de noviembre de 2019 (Ludovic Marin/Pool vía REUTERS)
El presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, asiste a la sesión plenaria del Foro de Paz de París, Francia, el 12 de noviembre de 2019 (Ludovic Marin/Pool vía REUTERS)

Como se ve, hay países con regímenes presidencialistas y reelección indefinida en diferentes regiones del planeta. Tienen historias y culturas muy diferentes. Pero comparten un rasgo común: el autoritarismo y la ausencia de competencia política.

“El cumplimiento de la ley es algo misterioso. A menudo, hay muy pocos mecanismos para forzar su acatamiento. Más bien hay un círculo vicioso, o virtuoso, de cumplimiento. La tradición, norma y práctica de respetar o eludir el límite de los mandatos es un círculo virtuoso aquí, y quizás un círculo vicioso en América Latina. En mi opinión, lo que se necesita es que forme parte del núcleo inamovible de la Constitución”, concluyó Elkins.

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“Improcedente, fuera de contexto e ilegal”: así califican nuevas tarifas del Intrant para 39 servicios

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Por Javier Herrera.- “Totalmente improcedente, fuera de contexto e ilegal”. Así son las nuevas medidas, (entre los cuales están el aumento del costo de los servicios) del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) para la emisión y renovación de la licencia de conducir, según un experto en la Ley de Tránsito, el cual prefirió optar por el anonimato.

“El Intrant comienza primero diciendo que si una persona dura equis cantidad de tiempo sin licencia está obligada a pagar unas multas o una especie de indexación. La Ley de Tránsito lo establece, pero el margen previsto en la ley no va más allá de cuatro años. Imagínese que usted se va fuera del país y allá dura cinco años; si se me venció la licencia y yo no necesito renovarla porque duré 10 años, ¿cómo va a ser que si yo quiero venir para acá a manejar, tengo que pagar los 10 años que duré fuera del país?”, cuestiona la fuente, la cual explicó que la Ley 63-17 sobre Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial de la República Dominicana, prevé que el cobro de penalidad por el vencimiento de la licencia se limita sólo a cuatro años, establecidos en los artículos 208 y 209 de dicha normativa, respectivamente.

Esta posición contrasta exponencialmente con los años que establece dicha entidad, la cual lleva la penalidad por renovación de licencia de conducir hasta 20 años, con un costo de 23,100 pesos.

“La materia de tránsito al ser de naturaleza correccional tiene una prescripción menor que los crímenes y delitos. ¿Cómo es posible que administrativamente se amplíe hasta los 20 años como si fuera materia civil ordinaria?”, pregunta la fuente, quien además es abogado con un doctorado en Responsabilidad Jurídica por la Universidad de León, en España.

Intrant: Denuncian posibles mafias con subsidios de combustibles | Nuria

En ese sentido, precisó que el Intrant no tiene competencia para establecer los nuevos montos para los servicios. Sin embargo, la fuente apuntó que dicha institución tiene “algunos espacios” legales en su reglamento, pero a lo interno de la entidad.

“Lamentablemente, cuando se aprobó la ley, todos los 36 reglamentos que están previstos en la ley están para que sea el Presidente que los emita (…). Hasta que el Presidente no emita un decreto tú (como Intrant) no tienes calidad para eso”, explica la fuente, que además fue una de las personas ligadas al proceso de la creación de dicho órgano nacional rector del sistema de movilidad, transporte terrestre, tránsito y seguridad vial de la República Dominicana, el cual aclaró, además, que esa institución debe tener funciones reguladoras, no ejecutoras.

Se puede revertir

El experto explicó que existe una manera legal para revertir los costos impuestos por el Intrant para los 39 servicios, de los cuales algunos aumentaron casi 1,000 pesos. A través del Tribunal Superior Administrativo (TSA), detalla la fuente, cualquier persona que calidad para ello puede someter una acción en nulidad.

“Usted tiene dos vías: Primero, un recurso de reconsideración (que lo puede ejecutar una persona que tenga un interés legítimamente comprometido o protegido) (…) Usted tiene una multa por 12 años, entonces, ya usted tiene un interés, puede elevar un recurso de reconsideración, si no, se va directamente al Tribunal Superior Administrativo y demanda la nulidad de la decisión. Pero viene otro punto, esa nulidad se le va a aplicar a nivel personal. Si usted quiere que se anule a nivel nacional va al Tribunal Constitucional con el mismo procedimiento, trabajando algunos artículos constitucionales, que son el principio de legalidad y otros. Pero se puede revocar”, afirmó.

Mientras, sobre las quejas de los ciudadanos, el abogado cree que, como el dominicano “desconoce cuáles son los derechos que tiene”, la gente asumirá los nuevos costos del Intrant y no tendrá ningún tipo de efecto para que eso cambie.

El director del Intrant desconoce sentencia del Tribunal Constitucional

Sobre las recientes declaraciones que dijo el director del Intrant, Rafael Arias, sobre que la licencia en el país, más que un derecho es un privilegio, aseguró que el funcionario “desconoce totalmente” la sentencia del Tribunal Constitucional, “que permitió que las personas mayores de 65 años tuvieran licencia.

Fuerza del Pueblo llama a consejo de directores de Intrant revisar aumento a precios de servicios

“La licencia de conducir es un derecho, donde la lamentablemente no es como la licencia de un arma de fuego. La licencia de arma de fuego es un privilegio”, afirmó.

Las nuevas tarifas aumentaron casi 1,000 pesos

A principios de este mes de septiembre, el Intrant dio a conocer los nuevos montos para 39 servicios. Algunos registraron un aumento de hasta 900 pesos.

De acuerdo a lo que presenta el nuevo tarifario, el carné de aprendizaje costará RD$2,900, antes se pagaba sólo 2,000 pesos. Para que una persona renueve su licencia de conducir debe disponer de RD$ 1,900, cuando antes lo hacía con 800 pesos menos.

Los montos varían de acuerdo a la categoría de la licencia, lo que ha sido calificado por los ciudadanos como un abuso.

Piden aclarar las nuevas medidas

El pasado miércoles 22 de septiembre, la Comunidad Biker RD pidió al Intrat que aclare el sistema que están usando para el registro de motocicletas en el país. Alegaron, además, que la emisión del Manual de Conducción y Seguridad Vial no sólo genera confusiones, sino que son “contradictorias y hasta ilegales dentro del proceso”.

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El poder empresarial pasa de ser financiador a activo de la policía y la Administración Pública

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Por Ernesto Rodríguez.- Hacer el “crossover” del mundo empresarial al ámbito político para muchos es cuesta arriba, porque implica mucho riesgo al involucrarse con un partido o Gobierno so pena de enfrentar la aniquilación de bienes o prestigio económico.

Lo tradicional en la relación empresario-político radicaba en el hecho de la inversión económica en un proyecto ganable y luego retornaban los intereses en la contratación para la adquisición de compras de bienes y servicios y facilidades que proporcionan la mano larga del Gobierno.

Pero los nuevos tiempos cambiaron las reglas que habían y ya los empresarios no están detrás, en la sombra, ya son parte importante de proyectos políticos, mayormente cobijados en el denominado sector externo y luego forman parte esencial del gabinete de Gobierno.

La pregunta difícil de responder no es la de si un empresario de hoy debe intervenir en política. El empresario de todas las épocas, y bajo cualquier sistema de gobierno, ha participado en alguna forma en estas actividades, y el empresario de hoy, lo quiera o no, le guste o no, tendrá que seguir haciéndolo.

En la época actual no cabe ni la neutralidad, ni el abandonismo, ni el ausentismo ideológicos o políticos.

La relación entre el sector empresarial, o por lo menos la cúpula de sus representantes, y el poder político es evidente y muy estrecha.

En la última década, empresarios se integran a la política partidaria en número destacado, desde donde buscan candidaturas y sirven como ministros, consejeros o fuente de sinergia de los políticos con sectores industriales, agropecuarios o de servicios.

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ADMINISTRACION ABINADER. El presidente Luis Abinader es un genuino representante salido del seno del empresariado. Nunca antes había ocupado un cargo público, ni de elección popular. Dedicó casi toda su vida profesional al grupo Abicor, empresa familiar fundada por su padre, José Rafael Abinader, que es dueña de hoteles, una universidad y una de las fábricas de cemento más importantes del país.

Sin embargo, nunca estuvo desvinculado de la política porque desde que era muy joven tenía la escuela en su propia casa, con su padre, legendario dirigente del PRD y fundador de la organización Alianza Social Dominicana, hoy convertida en el gobernante Partido Revolucionario Moderno.

Su gabinete de Gobierno también está integrado por empresario de primer nivel.

Lisandro Macarrulla es el ministro de la Presidencia, que por décadas siempre se mantuvo como un destacado empresario, llegando a la presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep). Tuvo un rol activo en la pasada contienda electoral, coordinando el sector externo, y ya dio el paso al sector público.

Rafael Adolfo Pérez de León es director de Promese Cal. Su vida transcurrió como empresario ligado a las motocicletas.

Hace 20 años comenzó su incursión en política hasta ser presidente de la juventud PRD.

Para finales del 2021 RD podría estar igual que en 2019 a nivel turístico, según Joel Santos

Joel Santos, es asesor turístico del Poder Ejecutivo, muy conocido en el país por ser un empresario ligado al sector turismo por más 20 años, llegando a ocupar la presidencia Asociación Nacional de Hoteles y Turismo (Asonahores).

Rafael Canto Blanco es asesor honorífico del Ministerio de turismo. Es uno de los empresarios de más tradición del país, llegando a ser uno de los fundadores y presidente de  Asonahores y también fue presidente del CONEP.

Miguel Vargas, presidente PRD

ATRAPADOS POR LA POLÍTICA. Miguel Vargas Maldonado brilló en el mundo empresarial y fue seducido por la política. Fue precandidato a alcalde por el Distrito Nacional en el 1998, ocasión en la que se produjo un tranque con Eligio Jáquez y Julio Maríñez, lo que motivó al líder del PRD, José Francisco Peña Gómez, asumir esa candidatura y murió 10 días antes de las elecciones,el 10 de mayo del 2012.

En el Gobierno de Salvador Jorge Blanco (PRD 1982-1986), fue director de la Corporación de Acueductos y Alcantarillados de Santo Domingo CAASD. En el gobierno de Hipólito Mejía (2000-2004), fue ministro de Estado de Obras Públicas.

En el 2007, Vargas Maldonado se convierte en el candidato presidencial del PRD y perdió las elecciones del 16 de mayo de 2008.

En el 2016 apoyó a Danilo Medina y fue recompensado como canciller. Ahora trata de reconstruir a su disminuido PRD y no se sabe si retomó la dirección de sus empresas

Jacinto Peynado fue un destacadísimo empresario que para la década de los 80 y 90 poseía las más variadas empresas que iban desde la agroindustria, automovilismo, neumáticos, jugos y otros, la mayoría de las cuales perdió desde que dio el salto definitivo a la política.

Peynado cosechó éxitos iniciales  cuando en el 1986 fue senador PRSC-Distrito Nacional (1986–1990 y 1990–1994).

Luego ocupó el cargo de vicepresidente de la República en el recortado mandato de Joaquín Balaguer 1994-1996.

Fue el sucesor de Balaguer como candidato presidencial en el 1996 y justamente su falta de respaldo lo llevó al tercer lugar. Para la época se decía extraoficialmente, que en esa campaña perdió más de 200 millones de pesos, toda una fortuna y de ahí comenzó su debacle empresarial, incluida la pérdida de la empresa de tradición familiar Delta Comercial, concesionaria de las marcas Toyota y Volvo.

Peynado llevó como compañera vicepresidencial a la empresaria Maribel Gassó, quien tuvo interés de continuar la actividad política pero se retiró.

SIMBIOSIS EMPRESARIO POLÍTICO. Carlos Morales Troncoso fue empresario de la industria azucarera y los hoteles. En las elecciones de 1986 era disputado por los dos contendores candidatos presidenciales: Joaquín Balaguer y Jacobo Majluta. Se decidió por el PRSC y logró ser vicepresidente de la República por dos períodos consecutivos (1986-1990 y 1990-1996).

Luego aspiró a la nominación del PRSC en el 1996 y perdió, retornando a sus actividades empresariales. En las elecciones del 2004 vuelve al ruedo político respaldando a Leonel Fernández y fue designado canciller de la República y también dirigió el PRSC.

Hipólito Mejía fue presidente de la República en el 2000, pero por décadas se ha desempeñado en esta actividad y la agroindustria. Fue ministro de Agricultura 1978-1982, y fue candidato presidencial en el 2004 y 2012, derrotado en ambos escenarios.

Perdió de Luis Abinader las primarias internas del PRM en el 2016 y el2020.

El fenecido Pedro A. Rivera, fue el más destacado empresario de La Vega en los 80, propietario de productos Induveca. Fue senador por esa provincia en varias ocasiones por el PRSC.

RETORNO AL EMPRESARIADO.Destacados empresarios hicieron breves incursiones en la política y pese a tener éxitos, retornaron a sus raíces.

El fenecidos radiodifusor José Heriberto Medrano fue senador por La Vega-PRD, en el 1998-2002. Abandonó la política y retomó sus actividades en Microondas Nacionales hasta su muerte.

El también radiodifusor Julio Antonio González  Burrel (Machacho González) dio el salto a la política y fue senador por el PRD-Duarte 1998-2002 y 2002-2006, pero renunció cuando faltaban cerca de dos años de su segundo período. Volvió a sus actividades en Telenor.

Andrés Bautista García fue senador por tres períodos desde el 1998 PRD-Espaillat y llegó a la presidencia del Senado. Es un destacado agroempresario avícola y de ganadería en Moca. Ahora enfrenta la Justicia en el caso Odebrecht y está alejado de la política.

DE LA POLÍTICA A EMPRESARIO. Un caso muy particular fue el de denominado “Cacique de Higüey”, que fue hombre formado en la política y agotó más de tres décadas como legislador (diputado-senador) por el PRSC-La Altagracia.

Fue electo diputado en 1982 y reelecto hasta el 90. Desde fue  senador hasta el 2020. En el 1999 renunció para ocupar la secretaría general de la Liga Municipal Dominicana.

Esta práctica de ganar la senaduría por la Altagracia y luego renunciar para seguir en la LMD la continuó hasta el 2010.

Fue candidato presidencial del PRSC en el 2008 y perdió. Hizo alianzas electorales con todos los partidos mayoritarios del sistema, hasta tener su propia organización, Partido Liberal Reformista.

Aristy Castro hizo el “crossover” de la política a empresario y hoy día es dueño de dealers, estaciones de combustibles e inversiones en hoteles en La Altagracia.

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